Queridos compañeras y compañeros:

                                     

 

Lamento profundamente el que, debido a que me encontraré en el exterior en un viaje profesional en el momento de la Convención, no puedo postularme como candidato a convencional por mi gremio (ADFI), cosa que hubiera hecho en otras circunstancias, dada la enorme importancia de ésta convención (que además lleva un nombre tan ilustre, simbólico y sentido).

 

Adjunto, en forma de una breve moción y algunos elementos de reflexión, mi aporte para dicha instancia.

 

Un abrazo fraternal

 

Gonzalo Perera

ADFI- Facultad de Ingeniería

 

Moción de Resolución.

 

Ante la coyuntura histórica que vive nuestro país, frente a la urgencia de un profundo proceso transformador en el conjunto de la sociedad- que la misma ha manifestado desear e impulsar- y en vistas de la próxima instancia de elección de Rector, ADUR resuelve adoptar las posturas programáticas que se exponen a continuación. Se desprende de este pronunciamiento que ADUR apoyará en las instancias que corresponda a un candidato a  Rector que manifieste concordancia ideológica con estos lineamientos y una trayectoria universitaria y gremial que avalen a su pronunciamiento y  sus posibilidades de encabezar un equipo de trabajo que lleve adelante los mismos.

 

Elementos de reflexión.

 

La moción incluye “ posturas programáticas que se exponen  a continuación”.  Esta construcción programática será colectiva, diversa y plural, nadie puede tener la soberbia de pretender visualizar todas sus facetas y matices. Desde mi perspectiva y posibilidades de elaboración, expongo a continuación las posturas programáticas que a mí me gustaría ver incluídas en esa elaboración colectiva.

 

1)      Es prioridad de primer orden que el país revierta el creciente proceso de elitización de la enseñanza  universitaria en la que se ha sumergido en los últimos tiempos. Desde las distintas esferas de la sociedad nacional, deben consolidarse medidas activas y enérgicas que hagan posible el acceso gratuito a enseñanza universitaria de calidad a los estudiantes provenientes de los sectores sociales más postergados.

 

2)     Es indispensable una discusión abierta, profunda y sin ningún tipo  de tabúes del sistema universitario y terciario en su conjunto, en el que la Universidad dialogue desprejuiciadamente con la sociedad de la que es parte, y particularmente con  expresiones relevantes de la sociedad como sus partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, ONG´s, etc. La Ley Orgánica que rige a la Universidad, de la República debe ser re-discutida, preservando como riquezas preciosas sus pilares conceptuales ( cogobierno, autonomía), pero adaptando a la realidad actual sus disposiciones formales.

 

3)     La calidad académica, el servicio a la sociedad,  la atención a las particularidades del país, no pueden ser manejadas como categorías que compiten entre sí por la supremacía. No hay verdaderos aporte sin calidad, no se construye excelencia sin contemplar las particularidades de contexto histórico y social, etc. Estos aspectos deben manejarse conjugados en un  auténtico círculo virtuoso. Debe sin embargo señalarse que no existe un patrón único para la calidad ni para determinar las necesidades  de la sociedad y que es necesario, un estudio profundo, profesional y sereno que determine:

 

a)      Criterios de evaluación de calidad en las distintas áreas (temáticas, de actividad)  de la Universidad.

b)     Criterios de selección y priorización de temáticas de interés nacional.

 

 

4)      La discusión no debe centrarse en la evaluación del pasado, sino en la respuesta a la pregunta “Que sistema universitario queremos y debemos construír?”. Es imposible delinear futuros sin  revistar el presente y pasado, pero debe evitarse el focalizar excesivamente  la atención en el camino ya recorrido. Deben además evitarse los posicionamientos maniqueístas: ningún emprendimiento humano está libre de críticas ni huérfano de realizaciones y la necesaria madurez, serenidad  y profundidad de la discusión  debe llevar a contemplar con racionalidad fortalezas y debilidades.

 

5)     El sistema universitario nacional debe abrir una gama mucho más amplia de posibilidades de estudio, expresadas a través de instituciones de distinto tipo y tenor y distribuídas en el territorio nacional de manera más armoniosa y de dimensiones (físicas y administrativas) más manejables. Pero la distribución geográfica del sistema universitario no puede ser un mero desprendimiento fragmentario: debe ser sistémico,  debe tener en cuenta los aportes del mismo al desarrollo económico y social de las distintas regiones del país y estar acompañada de políticas de incentivos muy fuertes que aseguren que la calidad no será postergada en ninguno de esos emprendimientos.

 

6)      El sistema universitario no puede prestar oídos sordos a la realidad en la que se inscribe, pero no puede actuar como mero reflejo de las lógicas de mercado. La construcción de recursos humanos de calidad, punto crítico en la aventura de hacer Universidad es tarea de dos décadas, plazo en que el mercado oscila infinidad de veces en distintas direcciones. Los valores intelectuales, culturales, estéticos, deben seguir formando parte de los criterios de evaluación que rigen cualquier universidad.  Incluso a menudo ésa es la manera de asegurar a largo plazo las acciones más redituables en el plano estrictamente material. A modo de ejemplo, la construcción de una sólida cultura puede devenir en la edificación de una verdadera industria cultural, pero ésta última no existe sin la primera.

 

7) La investigación es un rasgo esencial de las instituciones universitarias. El sistema universitario debe ser un factor potenciador del sistema nacional de investigación en los más diversos dominios del conocimiento, en coordinación con otros actores públicos y privados. Pero, para empezar, el rol de investigador debe ser dignificado, reconocido y fomentado dentro de las instituciones universitarias. Nadie pretende por esto minimizar las demás funciones universitarias, pero debemos construír un país donde “investigar” sea una actividad socialmente reconocida, aceptada y valorada. Y para ello debemos pregonar esa actitud desde el interior mismo de nuestras instituciones y dentro de nuestro mismo enfoque de la realidad, evitando toda forma de inhibición a la libertad de pensamiento, estudio y creación.

 

8)      Dentro de la realidad actual, es un hecho consolidado la existencia de instituciones universitarias privadas. Pero también es un hecho que las mismas suelen extraer sus cuadros de los recursos humanos formados en el sistema universitario estatal y no realizar mayores inversiones genuinas en formación e investigación. Creemos que debe instalarse una lógica de cooperación y complementación entre las componentes públicas y privadas, pero, al mismo tiempo, debe exigirse desde el marco regulatorio de las actividades de las instituciones privadas, que las mismas inviertan de manera sustantiva en investigación y formación de recursos humanos, más allá de la libertad de elegir sus marcos doctrinarios y de gestión propios.

 

9)       El sistema universitario público debe brindar una atención privilegiada a la vinculación y potenciación de los niveles medios y primarios de enseñanza. A nuestro entender, y para empezar, la propia formación de docentes de otros niveles dela enseñanza, debería darse en un marco auténticamente universitario, cogobernado, de calidad y con presencia de docentes investigadores.

 

10)  La enseñanza universitaria debe ser de primerísima calidad, objetivo harto difícil de alcanzar en las actuales condiciones de masificación. Pero, las medidas de corrección no deben centrarse en cerrar puertas, sino en ofrecer alternativas, otra razón que aboga por la diferenciación de la oferta universitaria. Por otra parte, una Universidad no es un liceo de mayores dimensiones: la investigación e innovación deben respirarse en su ambiente, deben impregnarlo. Y por cierto, una Universidad  no puede ser un depósito indiferente de sueños y frustraciones personales, toda universidad digna de su nombre y de los tiempos que corren, debe buscar formas de contención humana, psicológica, sanitaria, social de sus estudiantes y funcionarios. Si una adecuada solución global a esta necesidad no es posible sin una política  nacional, de todos modos debe comenzar a cimentarse ya desde modestos avances en los distintos ámbitos universitarios, combatiendo la despersonalización y ausencia de valores y afectos referenciales.

 

11) No puede haber tampoco enseñanza de calidad sobre la base de salarios paupérrimos o multi-empleo docente. El estímulo a la profesionalización de la carrera docente, a la mayor  concentración en torno a la misma como norma general (lo cual no obsta para la presencia de algunos docentes de valía y experiencia en horarios reducidos) debe ser un terreno de acción central que, claro es, necesita recursos, para los cuales la sociedad debe ser genuinamente convencida de que vale la pena invertirlos,  convicción que sólo es alcanzable desde el diálogo, apertura y sinceramiento mutuo.

 

 

12)La forma de relacionamiento con el medio que se ha erigido a partir de los convenios y proyectos conjuntos entre sectores universitarios y empresas públicas y privadas, debe alentarse muy fuertemente, dentro de un marco estratégico claro. Debe privilegiarse la solución de problemas de interés nacional, o de alto poder formativo en el personal que lo protagonice. Deben utilizarse los recursos generados tanto para el sostén del funcionamiento de las instituciones como para solidificar los ingresos de sectores que en muchos casos no podrían existir sin este aporte. Pero no debe ser este mecanismo “la tabla de salvación económica” frente a la pauperización salarial, pues si así fuera, muchos quedarían excluídos de toda posible mejora y otros se verían impulsados a la búsqueda compulsiva de los convenios que garanticen sustentabilidad a sus ingresos. La utilización de los recursos así generados con fines de remuneraciones salariales debe ser desprejuiciada, no puede ser vista como actitud pecaminosa u oprobiosa. Pero debe ser racional, integrada y armónica, en función de criterios claros y sustentables, evitando enojosas desigualdades que resistan a una explicación lógica o sacrificar la calidad de la actividad en pos de asegurar la mejora circunstancial de la remuneración.

 

13)  La gestión universitaria debe ser más ágil y eficiente. Para ello son necesarias distintos tipos de acciones. Por un lado, acciones que revitalicen y modernicen el cogobierno. Un ámbito rico de discusión intelectual profunda y fraterna es el primer insumo necesario. La incorporación de las nuevas tecnologías al cogobierno de manera de aligerar los mecanismos de participación es una buena ayuda. No cargar tabúes y ser capaces de considerar libremente el que, por ejemplo, funciones de cogobierno hasta ahora realizadas por “amor al arte” sean objeto de remuneración, sería otra buena manera de cargar de realismo y mejorar el funcionamiento cotidiano de las instituciones.

 

14)  No existe mejora de gestión sustantiva sin motivación y capacitación de sus funcionarios. La motivación hace indispensable una remuneración decorosa, pero además mecanismos que hagan sentir al funcionario partícipe valioso de la institución, que lo estimulen moral y materialmente a su constante superación y a la identificación con los objetivos institucionales. NO pueden verse como antagónicos estos esfuerzos con los de mejora de la carrera docente. Son complementarios y coadyuvantes y si no son percibidos así, es que mucho trabajo se requiere aún al interior de nuestros colectivos en pos de visualizarnos como un conjunto coherente, orgánico y vivo. En una Universidad tradicionalmente identificada con un pensamiento social progresista e integrador, ¿no cabe acaso pensar en mecanismos decididos y efectivos de participación de sus funcionarios en la decisión de cuestiones de gestión administrativa?  ¿Las experiencias de co-gestión de diversos campos laborales y productivos, son vedados a la esfera de la gestión universitaria? La capacitación para la participación en la decisión, ¿no es simultáneamente excelente ejercicio de formación y de consustanciación con la función?

 

15)  Un sistema universitario, por definición, debe ser universalista. Así como debe ser abierto a la sociedad, debe serlo al mundo, desprejuiciada y francamente abierto a la experiencia y conocimiento universal, sin complejos ni seguidismos, pero tampoco sin arrogancia ni chauvinismos. Y en ese marco, la cooperación académica debe ser a priori planteable con todas las latitudes imaginables, pero siempre sujetas a juicios de pertinencia ética. Nadie puede garantir el uso de un descubrimiento hasta dónde llegará, pero en algunos casos es obvio que está enmarcado en intenciones ilegítimas de atentar contra la dignidad humana: la monopolización de conocimiento estratégico por parte de grandes centros de poder, la utilización directa de un trabajo en proyectos armamentistas y de destrucción y sometimiento. La universalidad no exonera del juicio ético, bien por el contrario, en el complejísimo marco de relaciones del mundo actual, lo reclama y convoca.

 

Gonzalo Perera