Eventos y Novedades

Propuesta de trabajo de Rodrigo Arocena

Por una Universidad de cercanías
Aportes para la construcción colectiva de un plan de trabajo:
Hacia la Segunda Reforma Universitaria


6 de junio de 2006
Rodrigo Arocena


Programa y movimiento colectivo importan poco, dicen los realistas: lo único que cuenta son los votos para ganar y los pactos entre élites para gobernar. Por lo general, desgraciadamente tienen razón. No en los momentos de viraje. Quizás estemos viviendo uno de esos momentos en la Universidad de la República. Esa esperanza orienta estas páginas.

He aceptado ser candidato al rectorado de la UR porque la Federación de Estudiantes me ha elegido como tal. Creo que ello surge de una convergencia programática, como lo destaca este documento, que pretende avanzar en esa convergencia y ayudar a ampliarla.

El alto honor que significa para mí la decisión estudiantil me impone, como primera obligación, la de presentar puntos de vista y sugerencias que contribuyan a: (i) profundizar un programa transformador de largo aliento, (ii) definir cambios concretos y viables que permitan desde hoy mismo ir haciendo camino al andar, y (iii) delinear un estilo para el gobierno democrático de nuestra institución. Los intercambios de ideas en torno a esas cuestiones, la construcción de acuerdos y, sobre todo, la implementación práctica de tales acuerdos irán construyendo lo que necesitamos, el movimiento de la Segunda Reforma Universitaria.

Las opiniones que aquí presento surgen de una vida en la universidad latinoamericana, de los fermentales intercambios de ideas de las últimas semanas - que abonan la conjetura de que estamos viviendo un momento de viraje -, y de una labor de investigación y enseñanza centrada en las relaciones entre Universidad y Desarrollo. Esa labor la llevamos adelante con Judith Sutz, de cuyas ideas y ayuda estas páginas son tributarias. Por supuesto, la responsabilidad por los juicios y los errores es sólo mía. Como este no es un documento académico, no incluye referencias; a quien se interese por ellas será un gusto proporcionárselas. El debate y la crítica constructiva afinarán los eventuales aportes positivos de este texto, dejarán a un lado los demás y generarán soluciones más adecuadas para los problemas que aquí se destacan así como para varios otros.

Nuestro hilo conductor surge del enfoque pionero de Carlos Real de Azúa sobre las vías originales para el desarrollo de este pequeño “país de cercanías”. Queremos una Universidad de cercanías, internas y externas, de modo que la mayor cercanía entre los universitarios nos permita aprender y trabajar mejor, al mismo tiempo que la mayor cercanía de la Universidad con otros actores colectivos impulsa un Nuevo Desarrollo del Uruguay.

(1) UNIVERSIDAD PARA EL DESARROLLO

En este país empobrecido y con una inmensa deuda social a cuestas, se ha abierto sin embargo una oportunidad para ensayar un Desarrollo de nuevo tipo: la coyuntura económica es relativamente favorable y, sobre todo, se ha conformado a nivel político y gubernamental una clara mayoría para los cambios. No deberíamos dejar pasar esta oportunidad, como el Uruguay no ha conocido otra semejante en largo tiempo. La Universidad de la República (UR) tiene un lugar destacado en el esfuerzo nacional para aprovechar efectivamente semejante ocasión.

La dimensión social, humana y sustentable del desarrollo requiere ubicar las necesidades básicas de la población al tope de la agenda de investigación e innovación. Los grandes problemas sociales no se resuelven recurriendo a las técnicas: requieren ante todo cambios sociales; pero la investigación y los profesionales capacitados de todas las áreas pueden brindar una relevante colaboración, en particular para afrontar la emergencia social. La UR cuenta con abundante experiencia que así lo demuestra.

La dimensión económica del desarrollo necesita incorporar conocimientos y calificaciones a toda la producción de bienes y servicios, incluyendo los sectores denominados tradicionales; ello es absolutamente imprescindible para construir un sólido país productivo. También en este aspecto la experiencia de la UR es vasta y muestra que está en condiciones de aportar mucho más.

La dimensión política y participativa del desarrollo se vincula con las anteriores a través de la enseñanza fundamental de Amartya Sen: el desarrollo consiste ante todo en ver a la gente no como pacientes sino como agentes capaces de decidir y hacer; esto apunta al cogobierno universitario como escuela potencial de participación y ciudadanía.

La dimensión educativa y cultural del desarrollo tiene como columna vertebral la generalización de la enseñanza avanzada, de calidad y permanente, conectada con el trabajo a lo largo de la vida entera. En la promoción de esta verdadera revolución la UR tiene probablemente su mayor responsabilidad, así como su máxima posibilidad de contribuir al desarrollo nacional.

Desde la aurora de la civilización, la enseñanza superior ha sido privilegio de minorías. En los países del “Norte” está dejando de serlo, lo cual refuerza sus ventajas sobre el “Sur”. Dentro de cada país, contar o no con una formación avanzada se refleja poderosamente en la desigualdad económica y de influencia política. En la lucha contra el subdesarrollo y la desigualdad, no hay perspectivas de éxito si no construimos posibilidades educativas de calidad, donde la gran mayoría de la población pueda encontrar sólidos apoyos para: (1) seguir aprendiendo siempre, incluso a nivel superior; (2) desempeñarse creativamente en el mundo del trabajo; (3) ejercer activamente la ciudadanía; (4) acceder a formas diversas de la cultura, y (5) capacitarse para proteger y mejorar la calidad de vida, en materia de salud, ambiente, convivencia, etc. Así debe ser la Educación Nueva para todos.

Un Nuevo Desarrollo es, ante todo, un proceso en el cual - sin desmedro de las diferencias de intereses y los conflictos inherentes a la vida social - variados actores logran conectarse y cooperar. Cada una de las dimensiones anotadas del desarrollo sugiere todo lo que la Universidad puede aportar y, al mismo tiempo, muestra que sólo podrá hacerlo si está cada vez más “cerca” de diversos actores sociales, trabajadores, educadores y productores, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.

(2) PARA LA SEGUNDA REFORMA UNIVERSITARIA

La Universidad entre todos es la primera de las “Doce premisas para una Reforma Universitaria” que la FEUU levanta. Dice así: “La Universidad de la República debe promover un profundo debate sobre la educación superior en Uruguay, involucrando a toda la comunidad universitaria, pero no exclusivamente a ella. Toda la sociedad tiene el derecho y la responsabilidad de pronunciarse sobre su Universidad y su destino. La visión de nuestro pueblo, de sus trabajadores y cooperativistas, de los jóvenes que aún no han podido ingresar a nuestra Casa Mayor de Estudios debe conformar una contribución sustantiva en el programa que conduzca a la transformación de la Universidad en un modelo de la nueva Universidad Latinoamericana, siempre fiel a los principios que la han conducido a lo largo de su historia, pero renovada en su brío transformador.”

La Universidad Latinoamericana es una institución histórica original, surgida del llamado Movimiento de la Reforma de Córdoba. Su eje programático se definió por la aspiración a democratizar la Universidad mediante el cogobierno, para impulsar la extensión universitaria y el compromiso social de la Universidad, de modo que ésta pueda colaborar con otros actores colectivas en la construcción de sociedades menos desiguales y con mayor calidad de vida.

En la América Latina de hoy hace falta una Segunda Reforma Universitaria, para revitalizar esos valores y encontrar nuevas formas para afirmar su vigencia en las condiciones sociales del siglo XXI.

En la UR cambios de semejante envergadura han llegado a ser urgentes. El Documento Síntesis de ADUR, preparado para su X Convención, “Prof. Fernando Miranda”, plantea la cuestión en los siguientes términos: “Tres efectos se combinan y hacen indispensable pensar en transformaciones profundas de nuestra institución: el deterioro de las condiciones de estudio, la obsolescencia de su estructura jurídica, concebida para una sociedad y un mundo diferentes, y el creciente número de desafíos no atendidos que el desarrollo del país nos plantea y exige.”

Desde tal perspectiva, a continuación se mencionan ciertas claves para la Segunda Reforma, sugiriendo algunos pasos concretos que permitirán hacer camino al andar.

Enseñanza diversificada para luchar contra la desigualdad

La primera de las funciones universitarias, la enseñanza, no por más antigua deja de ser la principal. Recordemos dos verdades elementales, pero no triviales. En sentido estricto, nadie enseña a nadie; los docentes - cuando trabajamos bien y la suerte nos favorece - ayudamos a nuestros estudiantes a aprender. Ese es el núcleo de la llamada enseñanza activa, que cada generación tiene que redescubrir. La segunda verdad, característica de una época en la cual “todo lo permanente se disuelve en el aire”, es que lo único que se puede aprender de una vez para siempre es a seguir aprendiendo siempre.

Ambas verdades ayudan a comprender que no se puede enseñar igual a personas con diferente formación, de distinta edad o situación laboral, provenientes de distintos medios socioculturales. Pero justamente enseñar en semejante diversidad es lo que requiere una Educación Nueva para todos.

Avanzar hacia la generalización de la enseñanza avanzada permanente le demanda, a la UR, ampliar y mejorar la formación tanto a nivel de grado como de postgrado. Grandes esfuerzos se han realizado en esa dirección, en condiciones generalmente de penuria material paliada por el compromiso de tantos universitarios con su institución y su tarea.

Los resultados han sido importantes y prometedores, pero desparejos. Se detecta además una tendencia preocupante: “Poca o nula articulación entre grado y posgrado de cada área. El objetivo sería articular tanto la formación de grado como de posgrado dentro de un plan con un objetivo común. Es decir, se necesita reformular: a) la enseñanza de grado para que no supere los 5 años, y b) se establezca un continum armónico con el posgrado, en sus tres niveles, especialización, maestría y doctorado.” Conviene tener muy en cuenta esas afirmaciones, transcritas del documento síntesis de ADUR.

En países como Brasil se comprueba una creciente separación entre la enseñanza de grado por un lado y, por otro, la enseñanza de postgrado y la investigación. No debe ser ése nuestro camino: la “Universidad de cercanías” incluye la estrecha vinculación entre las tres funciones universitarias y, muy especialmente, una armonización de proximidad entre grado y postgrado. Por consiguiente, la Comisión Central de Enseñanza (CSE) debe ser un actor relevante en la promoción de la formación tanto de grado como de postgrado.

Ampliar las oportunidades de formación a nivel de postgrado contribuye poderosamente a la mejor capacitación de los docentes, sin lo cual no puede hacerse realidad - en ninguna parte - una reforma de la enseñanza que permita avanzar cuantitativa y cualitativamente.

La segunda de las “Doce premisas” de la FEUU es la Universidad Abierta: “Los estudiantes queremos muchos más estudiantes universitarios. Es una verdad inocultable que a la formación superior no accede quien lo desea sino los que pueden entre aquellos que lo desean. Uruguay expone una tasa de escolarización terciaria muy inferior a la media de los países centrales y no es posible soñar con un Uruguay distinto, justo, solidario que le brinde la posibilidad de desarrollarse integralmente a todos, si la educación no deja de ser un derecho formal, pero no efectivo y continúa en los hechos constituyendo un privilegio. Por ello, no forma parte de nuestro programa de reforma universitaria ninguna propuesta de limitación del ingreso o de la permanencia por razones económicas -como la matrícula- o por demandas académicas inexigibles -como la prueba de ingreso eliminatoria-. Muy por el contrario, debemos promover modalides y trayectos distintos que tiendan a igualar a las personas que vienen con formación cualitativamente variada, y políticas efectivas de apoyo económico a los que menos tienen, preservando la educación gratuita en todos los niveles educativos.”

La sexta premisa, La primera función: Una educación liberadora, agrega: “Más allá de las profundas connotaciones filosóficas y políticas de una educación que busque hombres y mujeres libres, es necesario comprender la necesidad objetiva en la sociedad del conocimiento, de abandonar la exclusividad de los modelos de educación profesionalista y los esquemas rigurosamente disciplinares, promoviendo el tránsito horizontal dentro de las áreas de conocimiento y entre las mismas, de modo de permitir que los estudiantes vayan construyendo formaciones trasversales, nuevas, interdisciplinarias, que los posibilite afrontar nuevas problemáticas. Ello no implica la eliminación de los trayectos verticales, de las formaciones profesionales, supone abrir una gama enorme de posibilidades formativas, promoviendo a su vez la creación de nuevos campos disciplinares y nuevas áreas de producción de conocimiento.

Una educación liberadora, en el marco de un país subdesarrollado y dependiente, no puede obviar las diferencias al inicio con las que llegan los estudiantes en función de la realidad social y económica que los comprenda. Pero una educación superior nueva no debe clasificar para distribuir a sub niveles educativos de ‘diferente categoría’ en función de las situaciones académicas al inicio, sino que debe promover un trayecto distinto para personas con formaciones distintas, pero con un horizonte convergente, e igualador. De lo contrario, transformaríamos a la educación universitaria en un espacio sólo accesible para las élites minoritarias en una sociedad signada por la injusticia y la desigualdad.”

Los números dicen que en la UR no culminan sus estudios 3 de cada 4 estudiantes. Por cierto, el fenómeno responde a muchas causas, entre las que se destacan las penurias materiales por las que pasan tantos estudiantes. Sin desmedro de ello, diversificar los trayectos educativos que pueden conducir a igual nivel formativo permitiría luchar mejor contra la deserción.

La propuesta concreta es tomar la deserción universitaria como un eje central de trabajo interdisciplinario e interinstitucional, que de lugar a diagnósticos afinados y periódicos, así como a orientaciones precisas de acción. Las tareas específicas deben incluir las siguientes:
  • Realizar un estudio general de la deserción y sus causas, con análisis detallados a nivel de cada servicio universitario, apoyado en las Comisiones de Enseñanza de los servicios, en la CSE y en los grupos de investigación sobre educación en toda la universidad.

  • Proponer y posibilitar que las Ciencias de la Educación incluyan en su agenda de investigación el estudio de alternativas para una enseñanza diversificada.

  • Convocar a los servicios a proponer estrategias educativas para retener estudiantes e implementar proyectos experimentales de enseñanza diversificada, con asesoramiento y recursos de la CSE. Esto convergería con planteos formulados desde la Comisión Académica Asesora de la CSE, en la que trabajé durante algunos años, recomendando hacer llamados a proyectos de más largo plazo y mayor envergadura de lo habitual.

  • Ensayar - a partir de la experiencia que ya hay al respecto - formas varias para que cada estudiante, o pequeño grupo de estudiantes, al entrar a la Universidad pueda contar con “referentes”, docentes y estudiantes más avanzados, que los ayuden a insertarse en la institución y a aprovechar las oportunidades que ésta ofrece.

En esta temática, como en otras mencionadas más adelante, seguramente surgirán muchas propuestas concretas cuando se abra el intercambio de ideas al respecto.

Diversificar la enseñanza para tener mejor en cuenta las situaciones específicas de los estudiantes e involucrar a más docentes y a los propios estudiantes en el apoyo a los nuevos compañeros hará que éstos se sientan más “cerca” de la Universidad, la cual debe ser ante todo una comunidad de estudio y enseñanza.

Investigación con prioridad al desarrollo

En la perspectiva antes esbozada, la conexión de la enseñanza con la investigación y la extensión puede ser todavía más fecunda hoy que ayer, pues es cada vez menos relevante “dar un programa” prefijado y más fecundo ayudar a que cada uno aprenda a partir de lo que sabe y de lo que le gusta, que es como todos aprendemos.

Ayudar a estudiar con espíritu de investigación - enseñando en ámbitos creativos, donde preguntas y problemas abiertos aparecen una y otra vez - es clave para aprender a aprender. Eso lo expuso de manera difícilmente mejorable Guillermo de Humboldt hace casi 200 años - cuando planeaba la Universidad de Berlín -, señalando al mismo tiempo la conexión inversa: acercar pronto a los jóvenes a la investigación científica y tecnológica hace florecer lo nuevo.

Ahora bien, pese a múltiples esfuerzos y sacrificios, el panorama de la investigación nacional no es bueno. El Documento Síntesis de ADUR dice:

“En materia científica y tecnológica el país está muy rezagado frente a nuestros vecinos de la región, Argentina, Brasil y Chile, y necesita para su desarrollo en las próximas décadas, de un fuerte incremento en el número de científicos y tecnólogos dedicados a la investigación y la innovación tecnológica, lo que plantea muy altas exigencias de calidad a nuestro sistema de educación superior.”

“Cuando hacemos referencia a la necesidad de incrementar el número de científicos consideramos importante incrementar las actividades científicas, artísticas, clínicas, humanísticas y tecnológicas; esto exige una inversión en personal dedicado a la investigación y la innovación tecnológica.”

Por su parte, en su séptima premisa - La segunda función: La creación de conocimiento pertinente - la FEUU afirma: “La investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación forman parte de la segunda función esencial de la Universidad Latinoamericana. En un contexto de subdesarrollo, de recursos limitados, de infraestructura restringida es absolutamente imprescindible la elaboración de agendas de investigación que establezcan prioridades claras vinculadas con el desarrollo nacional en todas las dimensiones del desarrollo. Esto no significa la eliminación de las miradas de largo plazo, no representa una enfoque cortoplacista de la investigación o la sobre valoración de la investigación aplicada, en perjuicio de la investigación fundamental. Significa el establecimiento de prioridades en un entorno saludable de diversidad en las líneas de producción de conocimiento, preservando siempre un amplio ecosistema creativo, pero observando muy particularmente las demandas de nuestro país, su sociedad y su sector productivo -en su amplio sentido-. Por su parte, la educación superior no puede desligarse de la producción de conocimiento, por lo que deben elaborarse políticas efectivas de incorporación de todos los estudiantes desde muy temprano a los ámbitos de creación de conocimiento, desarrollo e innovación, tanto en la Universidad como en otros ámbitos de la sociedad y del sector productivo.”

Debemos respaldar la investigación, en particular apoyando lo que se ha venido construyendo durante 15 años desde la Comisión Sectorial de Investigación Científica, CSIC. La investigación, en los más diversos campos, puede ser muy fecunda para. (i) contribuir a enfrentar urgencias sociales, (ii) respaldar la expansión cuantitativa y sobre todo cualitativa de la producción, (iii) construir capacidades que permitirán a largo plazo resolver problemas relevantes, de formas quizás inesperadas; (iv) generar conocimientos como forma intrínsecamente valiosa de la creación cultural.

Una lección mayor de la historia es que investigaciones con muy distintas finalidades pueden respaldarse mutuamente. Pero eso no sucede automáticamente: hay que promoverlo En un pequeño país periférico como el nuestro, donde la creación de conocimientos ha contribuido relativamente poco al desarrollo, una tarea central de las políticas de investigación e innovación es construir el respaldo social para tales actividades, que no puede darse por descontado. En nuestro trabajo sobre políticas de investigación e innovación consideramos central averiguar qué piensa la gente al respecto. Por ejemplo, 60% de los montevideanos con educación media o terciaria piensan que los resultados de la investigación universitaria “sirven pero no se difunden”; por otro lado, la mayoría de la gente de menores recursos, cuando se les habla de ciencia, piensan en la que se hace en el exterior y opinan que aumenta la dependencia del país: no sienten “cerca” a la generación nacional de conocimientos.

Por lo tanto, asignar importancia en absoluto exclusiva pero si prioritaria en la investigación a las necesidades sociales, y a las cuestiones más urgentes del desarrollo en general, tiene una doble justificación: contribuye a resolver problemas de nuestros compatriotas más postergados y, de esa manera, expande la legitimidad ciudadana de la investigación, lo que es imprescindible para que el respaldo público a la misma pueda aumentar sostenidamente. No es esta tarea simple: colaborar desde la investigación con la solución de problemas planteados a nivel de la salud, la nutrición, el habitat, la violencia, la ocupación, entre otros, implica traducir dichos problemas en proyectos, en primer lugar, y armar equipos humanos para abordarlos, en segundo lugar. Pero sin duda puede ser hecho y vale mucho la pena hacerlo.

La investigación en diversos campos y con distintas finalidades no puede ser evaluada con el mismo rasero, que si además se reduce a contar cierto tipo de artículos es inconveniente en todos los campos y puede ser catastrófico en muchos. Como miembro de la Comisión de Investigación Científica de la Facultad de Ciencias participé en la elaboración de un criterio de evaluación sofisticado y respetuoso de la diversidad, que fue aprobado por el Consejo de Facultad. Seguramente hay en la UR muchos ejemplos similares.

Una propuesta concreta es la de trabajar en dos direcciones diferentes simultáneamente:
  • A partir de la experiencia de la Comisión Social Consultiva, de la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio, CSEAM, y del llamado de la CSIC a proyectos para enfrentar la emergencia social, definir un financiamiento especial para la elaboración de agendas de investigación que apunten a la solución de problemas sociales acuciantes.

  • Realizar un estudio comparativo de los mecanismos de evaluación académica utilizados en los diversos servicios universitarios y en otros ámbitos de importancia, como por ejemplo, la Comisión Central de Dedicación Total, con el objetivo de compatibilizar mejor los objetivos de calidad académica, compromiso con el desarrollo institucional y contribución al desarrollo nacional.

Extensión como colaboración integral con la sociedad

Concebimos a la extensión, y al relacionamiento con el medio en general, en un sentido muy amplio, como el conjunto de formas de cooperación de la Universidad con actores externos para la divulgación de la cultura y el uso socialmente valioso del conocimiento.

Semejante concepción lleva a integrar las actividades actualmente definidas como extensión con las de relacionamiento con el sector productivo y con otros actores, así como con la difusión cultural. Ello implica jerarquizar y reestructurar las instancias encargadas de tales actividades, particularmente la CSEAM.

Este puede ser un paso concreto, realizable a corto plazo; contribuiría, en primer lugar, a que todos los servicios y departamentos universitarios encontraran naturalmente su lugar en la extensión; en segundo lugar, potenciaría las diversas modalidades de esta misión universitaria. Por ejemplo, estudiantes de las áreas social, tecnológica, artística y de la salud podrían colaborar a partir del relacionamiento con una empresa, donde el objetivo universitario apunte a que el cambio técnico expanda la producción sin perjudicar a los trabajadores, en cuyo sindicato se organiza una actividad cultural y, como contrapartida de la empresa, ésta respalda una actividad de extensión con el barrio.

El extensionismo productivo

La última premisa de la FEUU, La Universidad para el Desarrollo, afirma: “La Universidad de la República debe estar profundamente comprometida con el cambio político y económico que requiere nuestro país. Debe contribuir vinculándose, insertándose, formando, investigando, produciendo tecnología nacional, contribuyendo a agregar valor a nuestra producción. No obstante, no es lo mismo comprometerse con el crecimiento económico que con el desarrollo nacional, con la producción que con el trabajo. Comprometerse con un horizonte de desarrollo nacional supone comprender que además de crecimiento económico debe haber justicia distributiva, y pleno respeto de los derechos humanos, en sus vertientes filosóficas, políticas, culturales y económicas.

Una Universidad vinculada con el sector productivo -en sentido estricto- debe vincularse con los trabajadores, con los cooperativistas, con las demandas sociales que muy posiblemente no puedan financiar convenios, pero de cuyo abordaje la Universidad Latinoamericana debe ser plenamente responsable.”

En las universidades de todo el mundo, y también en las de nuestro continente, el relacionamiento con el sector productivo viene expandiéndose en flecha y suscitando grandes controversias. Conviene resaltar que nuestra Universidad no lo reduce a las empresas sino que, como corresponde, incluye en ese relacionamiento a otros actores, como los sindicatos. Esta actividad en expansión seguramente puede haber dado lugar a varios malos convenios, pero ello no los invalida sino que impulsa a mejorarlos, al igual que la existencia de tantos malos cursos no implica dejar de ofrecerlos sino hacerlos mejores.

Uruguay necesita más y mejor relacionamiento de la UR con el sector productivo, para lograr varios fines así como para superar rémoras frecuentes. Se trata de involucrar a todas las ciencias y todas las tecnologías de modo de:

(i) Colaborar a resolver problemas de la producción, mostrando que el conocimiento y las calificaciones avanzadas son palanca de desarrollo económico.

(ii) Enriquecer la agenda mediante problemas sustantivos provenientes de las prácticas productivas, sin sustituir la investigación por consultorías rutinarias.

(iii) Anticipar las necesidades del futuro; el software es hoy un sector estrella de la producción uruguaya porque, entre otras razones, ayer hubo pioneros que promovieron su estudio a alto nivel en la UR cuando nadie pagaba por ello.

(iv) Mostrar lo que los graduados universitarios pueden hacer, sin competir con ellos, sino por el contrario colaborando a crear ocupación para gente altamente calificada.

La noción misma de extensión conduce a no limitarla a la “demanda solvente” - la de quienes están en condiciones de pagar por el asesoramiento universitario que solicitan - sino a priorizar la demanda social, la que surge de genuinas necesidades de la gente, con o sin poder de compra. Trabajadores, pequeños productores, cooperativistas y otros actores frecuentemente desfavorecidos del sector productivo deben sentir “cerca” a la Universidad de la República.

Este enfoque sugiere pensar en términos de extensionismo productivo. Sus antecedentes incluyen al extensionismo agrario, practicado en muchos países por distintos organismos, y más recientemente a variedades industriales y tecnológicas del extensionismo. Es nuestra convicción que todos los servicios universitarios tienen mucho que aportar al extensionismo productivo, pues estamos hablando de la producción de bienes y servicios en general.

La promoción de la cultura

Corresponde resaltar la dimensión cultural de la extensión. Al respecto, la décima premisa de la FEUU, la Universidad Promotora de la Cultura, sostiene que: “El segundo artículo de la Ley Orgánica no puede considerarse una enunciación vaga de los fines de la Universidad. Ordena, define, comprende sus razones de ser. Y dice allí: ‘Le incumbe asimismo, a través de todos sus órganos, en sus respectivas competencias, acrecentar, difundir y defender la cultura’.

Acrecentar, difundir y defender la cultura es concebir a la Universidad a su vez como un gran espacio cultural de nuestro país y no debe, entonces, la Universidad restringirse a salones y laboratorios, debe ser teatro y cine, y danza y mural y sala de exposiciones plásticas permanentes y espacio literario y sitio que promueva el sincretismo de todas las formas de expresión artística que coexisten en nuestro pueblo. Claro que no es sólo eso la cultura, pero también es eso y eso no ocurre hoy en la Universidad.

La Universidad debe comunicar, promover la comunicación y el debate permanente, realizar sus propias publicaciones, impulsar proyectos audiovisuales, construir medios de comunicación propios, concebidos no sólo para dar conocer lo que la Universidad produce, sino también para servir de caja de resonancia de todas las voces, de todas las sensibilidades y pensamientos.”

Muchas sugerencias concretas encierra el enunciado precedente. Por ejemplo: la Gaceta de la Universidad supo tener relevancia nacional, y podría volver a tenerla. Más en general, la cita apunta a todo lo que podrá ir aportando la Facultad de Artes, particularmente recogiendo y ampliando la original tradición de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Por supuesto, hay muchas otras facetas de la difusión cultural en las que la Universidad tiene un gran papel. Un ejemplo lo ofrece lo que viene haciendo la Facultad de Ciencias para que tengamos mejores museos de ciencias y se use más creativamente nuestro Planetario, que fue pionero a escala iberoamericana. Durante milenios, la astronomía ha sido para mucha gente un apasionante lugar de encuentro entre las culturas artística y científica; sigue siéndolo.

La extensión en la tradición latinoamericana

La extensión universitaria es un aporte mayor del Movimiento Latinoamericano de la Reforma Universitaria. El ideal de Universidad que emergió en Alemania a comienzos del siglo XIX - asociado a la fundación de la Universidad de Berlín por Humboldt - incorporó a la investigación como una segunda función universitaria, a realizar en conjunto con la de enseñanza. Retomando el modelo humboldtiano, pero yendo más allá, el ideal latinoamericano de Universidad comprometida con el progreso social reivindicó a la extensión como tercera misión. Sin embargo, en términos generales, es preciso reconocer que ésta ha sido la “pariente pobre” entre las funciones universitarias, al punto que un estudioso ha calificado a la extensión como “la clave dormida de la Reforma de Córdoba”.

Aún en ese contexto de postergación, la Reforma Universitaria inspiró una riquísima gama de actividades de extensión, particularmente en nuestra Universidad. Muchos ejemplos se conocen, sobre todo en las áreas de la salud, social y artística.

Un paso ineludible para avanzar es la revisión crítica y cuidadosa de esa experiencia en la UR, apuntando a aprender de ella para fortalecer esta función. Esa revisión debiera culminar en la elaboración, por cada servicio universitario, de propuestas concretas sobre la extensión que puede realizar.

Mirando a la extensión universitaria del futuro

La octava premisa de la FEUU se refiere como sigue a la tercera función: Una Universidad Inmersa en la Sociedad: “Tal vez la tercera función de la Universidad Latinoamericana constituya uno de los aportes más originales de este modelo a la humanidad. La extensión universitaria, comprendida como un espacio de formación exclaustrada, inserta en la sociedad, bidireccional, contributiva al desarrollo local y nacional, es una de las mejores herramientas para formar individuos de la mayor estatura ética, con el mayor compromiso con su pueblo y con su tiempo y, por cierto, plenamente concientes de los padecimientos a los que los modelos de exclusión han conducido a la mayor parte de la sociedad. Es también, en su sentido amplio, un instrumento para vincular a la Universidad con el país y para contribuir con el crecimiento cultural y político de todos los universitarios y los no universitarios. Comprende además de un derecho de todos los universitarios, una herramienta formativa para todos y una forma de ejercer la responsabilidad social que todos los que pudimos acceder a la educación superior tenemos, en un país, que como ya hemos dicho, la educación superior es un derecho meramente formal, pero todavía constituye en la práctica un privilegio de pocos.”

De esa formulación general se desprenden también varios corolarios concretos. Uno de los más importantes tiene que ver con la incorporación de la extensión a la enseñanza, cosa que sucede naturalmente en algunos servicios, pero que puede y debe tener lugar en todos. Cabe pedir a las comisiones de Enseñanza y Extensión de cada servicio que, desde la experiencia específica y la reflexión en general, propongan tipos de cursos que permitan alcanzar una meta cardinal: todo estudiante de la UR ha de tener oportunidades para realizar tareas de extensión.

Todo avance en esa dirección ofrecería nuevas oportunidades para enriquecer las formas predominantes de enseñar; esas formas se construyen en torno a las disciplinas, y son por cierto imprescindibles. Pero deben ser complementadas por modalidades educativas estructuradas en torno a problemas, con dimensiones interdisciplinarias. La extensión es una clave surgida de la mejor tradición latinoamericana para combinar, de manera moderna, enseñanza por disciplinas con enseñanza por problemas.

Las tres misiones y la carrera docente

El ideal latinoamericano de Universidad incluye, además de las tres funciones universitarias, la aspiración a que las tres se realicen de manera integrada, de modo que cada una ayude al mejor cumplimiento de las otras dos. Así lo establece, como cometido de las universidades públicas, la actual constitución brasileña, aprobada en medio de la marejada democratizadora de la segunda mitad de los ’80.

El documento síntesis de ADUR observa: “Razones extrainstitucionales pero también las propias deficiencias organizativas de la UDELAR han causado una creciente desarticulación entre las tres funciones, con fuertes heterogeneidades dentro y entre los servicios.”

Superar esa desarticulación plantea varios requisitos. Uno es avanzar hacia una concepción más abarcativa de la extensión. Otro es acordar, para el conjunto de la institución, pautas de evaluación docente que no pequen de unilaterales. Ambas cuestiones ya han sido mencionadas antes. La segunda debe ser uno de los cimientos conceptuales de la carrera docente. Llegamos - por esta vía como por otras - a una cuestión neurálgica para el futuro de la UR.

La necesidad de estructurar la carrera docente es ampliamente reconocida, y no precisa ser argumentada aquí. Es realmente obvio que se necesitan vías para progresar, a partir del esfuerzo personal y del compromiso con los cometidos universitarios.

La falta de tales vías constituye una fuente mayor de desaliento, para docentes jóvenes y no tan jóvenes así como para sus alumnos y colegas. Son conocidos los casos, flagrantemente absurdos, de muchos docentes que cumplen a nivel de excelencia las tres funciones, por lo cual debieran ser profesores titulares pero son grados 2 o 3. Angustia comprobar que muchos jóvenes con sólida formación se mantienen como grados 1, o deben dejar de serlo, con lo cual la institución y a menudo también el Uruguay los pierden.

Mucha gente ha venido haciendo, desde hace tiempo, aportes valiosos para estructurar la carrera docente. Es notorio que el obstáculo mayor es de índole presupuestal. Hay que extremar esfuerzos e imaginación para divulgar los perjuicios que al país le causa esta situación, y para lograr fondos que permitan afrontarla. Se ha dicho bien que la UR debe avanzar en la estructuración de la carrera docente aunque no se cuente aún con los fondos requeridos para instrumentarla: tener pronto el proyecto respectivo permitiría hacerlo realidad sin demoras en el caso de acceder a partidas adecuadas; puede ser además un argumento más para obtenerlas.

Paralelamente, se pueden paliar en algo los perjuicios más serios que la situación referida está causando. En ciertas Facultades se han hecho llamados abiertos a todos sus docentes, lo que permitió a algunos de ellos acceder a grados más acordes a sus méritos. Tal experiencia sugiere dedicar parte importante de los fondos centrales asignados a la Enseñanza para llamados, abiertos a todos los docentes universitarios, orientados a disminuir las diferencias entre, por un lado, méritos y responsabilidades efectivas, y por otro lado, grado docente y remuneración.

La CSE podría organizar semejantes llamados. Seguramente serían pocos, sobre todo en términos relativos, los docentes cuya situación mejoraría de esta manera. Pero el efecto de conjunto podría no ser desdeñable. Un procedimiento claramente establecido y bien divulgado haría que el país conociera mejor el potencial docente especialmente mal retribuido - tanto en términos materiales como simbólicos - con que cuenta la UR.

Si el llamado sugerido hace hincapié en los méritos vinculados al cumplimiento integrado de las tres funciones, se podría dar un paso significativo tanto en la articulación de enseñanza, investigación y extensión como en la promoción de la carrera docente.

El servicio civil universitario como herramienta integradora del compromiso social

La quinta premisa de la FEUU es la Universidad de las funciones integradas: “Las tres funciones de la Universidad Latinoamericana no pueden ser concebidas como compartimentos estancos, entidades disjuntas y muchas veces apenas apreciadas. No puede existir una buena enseñanza si no va de la mano de la producción de conocimiento y no puede haber una enseñanza que forje hombres y mujeres éticos, comprometidos y críticos, si en el tránsito de su formación se los mantiene alejados de los problemas de nuestra sociedad y de las diversas formas de conocimiento acumuladas en el seno de nuestro pueblo. Interconectar las tres funciones, con estrategias creativas de educación, con aproximaciones tempranas a la producción de conocimiento, con interacción permanente con la sociedad extramuros debe ser uno de los objetivos fundamentales de la transformación universitaria.”

Una vía concreta y mayor para hacer realidad tales objetivos es organizar el servicio civil del estudiantado universitario, en el cual se integren las tres funciones. Con la cooperación de docentes, funcionarios y egresados, se podrá canalizar la energía de decenas de miles de jóvenes hacia la atención de múltiples cuestiones sociales - en materia de salud, producción, enseñanza, cultura. Esto permitiría conjugar la formación, la búsqueda de conocimientos nuevos, su aplicación y la interacción con el medio. Puede ser la clave de la extensión universitaria del siglo XXI y, también, un notable ejemplo del ideal de universidad de cercanías con toda la sociedad.

Recapitulación

El siguiente cuadro, adaptado de un artículo reciente de Judith Sutz, resume algunos de los aspectos más importantes de lo dicho antes.

Transformar la estructura académica para cumplir mejor las misiones universitarias

La estructura actual de la UR conspira contra las metas propuestas. Se la ha calificado, hace ya mucho tiempo, de “confederación de facultades”; lo sigue siendo, pese a algunos esfuerzos en contrario. Durante el siglo XX la UR se diversificó ante todo por subdivisión de facultades, afianzando la estructura básica. El mismo efecto tuvo la constitución de “áreas” que, pese a un comienzo diferente e innovador, son agrupamientos de facultades.

La solución no pasa por suprimir las facultades, por ejemplo sustituyéndolas por departamentos disciplinarios en los cuales los estudiantes de todas las carreras irían a cursar matemática o filosofía. Una misma disciplina debe enseñarse de maneras distintas a estudiantes de carreras distintas, tomando como punto de partida sus intereses y formación específica. Ofrecer como enseñanza un recorrido individual por distintos departamentos sumando créditos es brindar una formación parcial e invertebrada. Las facultades son insustituibles como ámbitos para concebir e implementar planes de estudio flexibles pero bien vertebrados, como espacios para la forja de lazos colectivos imprescindibles para aprender y para vivir, como lugares para el ejercicio del cogobierno, como fuentes de identidad.

Las facultades son las columnas de la universidad, pero un edificio no es tal si consiste en un bosque de columnas: necesita también vigas, y éstas en la UR son demasiado débiles.

Necesitamos áreas “horizontales”, organizadas de acuerdo a la lógica del conocimiento, como lo sugiere la experiencia del PEDECIBA (Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas), en el cual gente de distintas facultades y disciplinas afines colabora entre sí.

Suele decirse que el mundo tiene problemas y las universidades tienen departamentos. Está bien que tengan departamentos disciplinarios, pero no está bien que tengan casi únicamente ese tipo de unidades organizativas. Necesitamos centros interdisciplinarios en los que personas de disciplinas diferentes aprenden a colaborar para afrontar cuestiones que - como la energía, el ambiente o la emergencia social, entre muchas otras - exigen combinar saberes muy distintos.

Fortalecer la dimensión “horizontal” diversificaría la oferta educativa, contemplaría vocaciones cambiantes y paliaría la deserción. Por ejemplo, alguien podría obtener un Diploma de dos años en la Facultad de Ciencias, completar luego una Licenciatura en Comunicación con especialización en periodismo científico y, a partir de su experiencia laboral, acceder a una Maestría en Derecho de las Nuevas Tecnologías.

En general, hay que reconocer mejor los estudios realizados, ofreciendo posibilidades de acceder a diplomas intermedios, que permitan por ejemplo combinar dos tipos de formación, así como incorporarse al mundo del trabajo y eventualmente luego - conjugando antecedentes educativos y experiencia laboral - volver a las aulas. Así se podría obtener mejores frutos de la inversión que la sociedad hace en la educación pública. Y más gente seguiría estando siempre “cerca” de su Universidad.

La UR fue estructurada cuando los universitarios - una pequeña minoría - primero estudiaban las carreras a las que dedicarían su vida y después trabajaban. Hace tiempo que se dijo que transitamos hacia un mundo de “segundas carreras”; en realidad, tenemos que ir hacia un mundo donde todos podamos combinar distintas opciones de educación y trabajo a lo largo de la vida entera. Esa meta debe orientar la reestructura académica de la Universidad.

Pasos concretos en esa dirección pueden ser, por ejemplo:
  • la convocatoria a todos los que se sientan parte de una misma área de conocimiento a elaborar un programa específico y original de desarrollo de esa área

  • la creación del espacio interdisciplinario de la UR, con formas adecuadas de cogobierno, integrado por centros y eventualmente escuelas de esa índole, y también por las unidades académicas de las Comisiones Sectoriales;

  • el llamado a la presentación de proyectos para la creación de no menos de tres centros interdisciplinarios de la UR, a incorporar al “espacio” antedicho.

Construir una estructura de decisiones más ágil, eficiente y transparente

Las transformaciones necesarias se ven dificultadas por la regulación actual de la UR, que es una “confederación unitaria”, tipo apenas registrado en la ciencia política, donde cada parte tiene escasa autonomía (como pasa en los estados unitarios), pero grandes posibilidades de trabar a la institución en su conjunto (como sucede en las confederaciones).

En esa estructura, las mejores intenciones suelen hundirse en el Mar de Sargazos de los trámites interminables. La resignación ante la inevitable lentitud alimenta la burocratización. Algunos funcionarios se sacrifican para mantener la máquina funcionando; otros aportan mucho menos de lo que querrían y podrían en un clima más estimulante. Y el tiempo se nos va.

Hace falta avanzar en la dirección contraria. Ampliar la autonomía de los servicios para decidir en lo que les es propio posibilita decisiones menos lentas, con mayor participación de los directamente interesados. Fortalecer las estructuras “horizontales” posibilita un funcionamiento mucho más ágil e influyente de la UR como tal. Decidir a nivel de los servicios un cúmulo de asuntos que no necesitan ser tratados en los organismos centrales permite que éstos concentren su atención en las cuestiones comunes al conjunto de la institución, como por ejemplo el fomento equilibrado de todas las áreas del conocimiento, los programas de becas y bienestar o los pronunciamientos sobre los grandes problemas nacionales.

Algunos pasos concretos para superar la “confederación unitaria” pueden ser:
  • encargar a la Asamblea General del Claustro que elabore una redistribución de competencias que apunte a descentralizar todo lo posible y a la vez a fortalecer la capacidad de acción de la UR como tal;

  • modificar la ordenanza de pro-rectores, para avanzar hacia la conformación de un verdadero equipo rectoral que, como lo muestra la experiencia de tantas universidades, puede mejorar sensiblemente el funcionamiento de la institución;

  • priorizar el diseño de formas de gestión más ágiles y eficientes, recurriendo en especial a la colaboración y sugerencias de los funcionarios administrativos.

Los avances en esta dirección deberán plasmarse, a cierta altura, en modificaciones de la estructura legal.

Revitalizar el cogobierno, clave de bóveda de la Reforma Universitaria Latinoamericana

La cuarta premisa de la FEUU, la Universidad Cogobernada y Participativa, afirma: “El cogobierno de los órdenes universitarios postulado en el Congreso de 1908, conquistado en Ley Orgánica de 1958 debe ser comprendido en su doble virtud, la de permitir que toda la comunidad universitaria -incluso sus funcionarios no docentes- participen en el gobierno de la Institución que los cobija, pero además por su profundo valor formativo para todos. El cogobierno participativo no sólo debería ser la expresión más profunda de la democracia universitaria, sino una herramienta para la construcción de ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con el destino su pueblo.

Una nueva reforma universitaria debe bregar por devolver su vida al cogobierno, discutiendo a fondo nuevas formas, nuevas modalidades, nuevas estructuras que promuevan la participación de todos los universitarios, no sólo como un derecho, sino como una responsabilidad verdaderamente intransferible de toda la comunidad y sus cuatro órdenes.”

El logro definitorio de la Reforma Universitaria fue la conquista del cogobierno, con intervención directa del estudiantado, como modalidad de la democracia participativa. Casi nadie niega que ésta vive hoy una dramática crisis. Pocos observan que no podría ser de otra manera en una “confederación unitaria” con alrededor de 70 mil estudiantes, la mayoría de los cuales trabajan, en un mundo donde la participación tiene casi todos los vientos en contra.

Buena parte de los estudiantes apenas saben cómo funciona la UR; muchos hacen un esfuerzo por participar y se descorazonan ante las demoras y laberínticas complicaciones; algunos dedican 48 horas por día al cogobierno y evitan que devenga mera ficción. Mantener semejante situación no es deseable ni siquiera viable.

En una situación muy distinta de aquélla en la que se proyectó el cogobierno, revitalizarlo exige cambios estructurales. Vale la pena intentarlo pues: (1) es un derecho de profunda raigambre democrática; (2) en la historia de la UR varios de los cambios más innovadores y eficientes han estado ligados al protagonismo estudiantil; (3) el cogobierno es una gran escuela potencial de ciudadanía.

Ejercer la ciudadanía significa intervenir en la decisión de lo que a todos nos concierne; sólo se aprende ejerciéndola, cosa que en estos tiempos no resulta fácil. La dimensión política del desarrollo exige aprovechar la oportunidad para la construcción de ciudadanía que supone el cogobierno para decenas de miles de jóvenes.

Revitalizar el cogobierno requiere descentralizar: 2500 años de historia de la democracia muestran que ésta nace y vive en la base, donde la gente puede y quiere empezar a participar, interviniendo en la decisión de lo que mejor conoce y directamente le concierne.

Revitalizar el cogobierno requiere también jerarquizar el papel de los Claustros y la importancia de integrarlos, por ejemplo atribuyéndole cometidos presupuestales.

Siendo el cogobierno un componente valioso e inusual de la formación que la UR ofrece, debiera ser integrado a las tareas curriculares, para que todos sus estudiantes tengan una oportunidad sustantiva de ejercer esa forma de la ciudadanía.

En concreto, por ejemplo, se puede:
  • realizar antes de fin de año un Encuentro sobre participación en el cogobierno, pidiendo propuestas a todos los órdenes y gremiales universitarias;

  • pedir a los Claustros propuestas para jerarquizar su papel, incluyendo la posibilidad de incluir representantes de los funcionarios no docentes y de otros actores sociales;

  • crear una Comisión Sectorial y un Pro-Rector de participación y asuntos estudiantiles (figura similar a la que existe en otras universidades latinoamericanas), para reforzar las tareas de Bienestar Estudiantil, cultura y recreación, en paralelo con el respaldo a la participación;

  • comparar críticamente las experiencias de cursos que favorecen el involucramiento en el cogobierno y explorar alternativas nuevas.

En esto hace falta imaginación, audacia y tenacidad. Esbocemos una conjetura más arriesgada: ¿no se puede organizar cursos, por ejemplo de un mes, de introducción a las relaciones entre la UR y sus nuevos estudiantes, organizados con extrema pluralidad por docentes y estudiantes de años anteriores, donde la institución pueda conocer mejor la preparación de quienes ingresan y éstos puedan irse familiarizando con diversos aspectos del mundo nuevo al que han entrado, incluyendo las posibilidades de incidir en sus decisiones? Ello podría ayudar a que los estudiantes se sientan más “cerca” de su Universidad.

Nuevos compromisos para avanzar hacia un país de aprendizaje

El cobro de matrícula universitaria, que algunos exigen, sería injusto y contraproducente: estudios serios han demostrado que aportaría poco; determinar quiénes pueden pagarla sin mayores dificultades sería muy complicado; inevitablemente ahondaría la desigualdad y desalentaría a mucha gente. La matrícula dificultaría la necesaria construcción de un país de aprendizaje, donde las mayorías lleguen a tener la posibilidad de seguir aprendiendo siempre y de esa manera se capaciten tanto para una realización a través del trabajo como para mejorar la calidad de vida individual y colectiva.

Para construir ese país de aprendizaje, no cabe limitarse a reivindicar, en el formato actual, mayores recursos estatales. Estos son imprescindibles, subrayémoslo, pero siempre serán insuficientes para generalizar la enseñanza avanzada y permanente. La situación de hoy es además injusta, pues no somos muchos los que tenemos la posibilidad de culminar una carrera universitaria, lo que moralmente nos genera deberes. Estos deben implementarse bajo formas que no debiliten al país de aprendizaje sino que lo fortalezcan.

Los deberes de los universitarios pueden concretarse, por ejemplo:
  • en el caso de los docentes, entre otras maneras capacitándonos para educar diversificadamente con vocación igualitaria;

  • en el caso de los estudiantes, colaborando en la enseñanza y, sobre todo, comprometiéndose con la realización del servicio civil universitario;

  • en el caso de los egresados, aportando cuando exista un verdadero impuesto a la renta una contribución material proporcional a los ingresos provenientes de la profesión y, sobre todo, colaborando a que las aulas potenciales - los ámbitos donde una tarea socialmente valiosa es desempeñada eficientemente - amplíen los espacios y los recursos para la enseñanza.

La Segunda Reforma Universitaria requiere nuevos compromisos de los universitarios.

(3) SOBRE LA VIDA COTIDIANA DE LA INSTITUCION

La creación de un clima espiritual favorable a la transformación de la UR depende grandemente de cómo se la gestiona y de las “condiciones de vida” dentro de la institución. Algunos aspectos de ello son mencionados aquí a título de ejemplo.

El presupuesto y asuntos conexos

En condiciones de graves carencias sociales en el país, para tener posibilidades de lograr aumentos sostenidos de recursos, habrá que enriquecer cada vez más las justificaciones que acompañan la presentación del Presupuesto universitario ante las autoridades nacionales.

Ello requiere ampliar y actualizar sistemáticamente la información acerca de las situaciones más críticas a nivel del cumplimiento de las funciones universitarias, en lo que se refiere a la disponibilidad y el mantenimiento de los edificios, la dotación de las bibliotecas, laboratorios y materiales diversos, los apoyos a estudiantes de menores ingresos, etc. Esos elementos permiten mostrar la “situación de emergencia universitaria”, que aún una breve recorrida por algunos servicios universitarios hace evidente.

En relación al mejor aprovechamiento de los recursos, corresponde demandar con fuerza que se elabore, dentro del ordenamiento del gasto estatal, un estatuto adecuado para las actividades terciarias. La centralización de compras de equipamiento de investigación (como la que ya hoy rige para la compra de medicamentos y de alimentos) ejemplifica una iniciativa de este tipo. Son muy diversas las medidas propias de una buena gestión que harían que 100 pesos uruguayos no sigan de hecho rindiendo como si fueran bastante menos, lo que hoy ocurre por factores que incluyen el tiempo que docentes e investigadores pierden en realizar gestiones que deberían estar aseguradas (por ejemplo, lograr que insumos perecederos salgan de la aduana, etc.). Este asunto debe dar lugar a una propuesta muy bien fundada y a una negociación al nivel más alto del estado, pues tenemos una coyuntura como nunca favorable para que reclamos de este tipo sean atendidos.

En lo que hace a la gestión interna, medidas como las siguientes tienen gran importancia.

(i) Tornar transparente y accesible a todos el sistema de remuneraciones derivadas de la Universidad, teniendo en cuenta los distintos orígenes: presupuesto, extra-presupuesto por ordenanzas diversas, con carácter temporal o permanente, extra-presupuesto por proyectos nacionales, internacionales, convenios y otras variantes.

(ii) Hacer los máximos esfuerzos para que el presupuesto anual adjudicado sea ejecutado al 100% en las actividades sustantivas para las cuales fue asignado.

(iii) Rediscutir los criterios de distribución presupuestal interna entre servicios, atendiendo al cumplimiento armónico de las funciones universitarias y a las diferencias en las modalidades en que los diversos servicios las llevan a cabo.

(iv) Revisar también los criterios de distribución presupuestal entre funciones universitarias, solicitando a las Comisiones Sectoriales respectivas planes de desarrollo de sus actividades que permitan una toma de posición especialmente bien informada.

(v) Otorgarle alta prioridad a los avances posibles en términos de carrera docente, atendiendo en primera instancia, como se sugirió antes, a las inadecuaciones extremas de grado docente respecto a nivel académico.

Relaciones y cooperación internacional

Este es un tema cardinal para la UR. Es la puerta natural de entrada de todas las instituciones internacionales, universidades, gobiernos, agencias de cooperación. Se señalan a continuación apenas algunos aspectos a potenciar.

(i) Para aprovechar y fomentar oportunidades de cooperación internacional la UR debe contar con información detallada y bien organizada sobre lo que hace; vale la pena realizar un gran esfuerzo en ese sentido, con una especial disciplina para mantener actualizada la información.

(ii) Hay campos específicos de cooperación que resultan claves para las actividades académicas, siendo el acceso a bibliografía especializada uno de ellos. Hay muchos otros a explorar, a través de negociaciones directas con las agencias nacionales de desarrollo de diversos países de altos recursos. Los esquemas de cooperación de dichas agencias deben ser bien conocidos y dicha información difundida en todos los servicios; además, la universidad tiene que elaborar un esquema propio de cooperación y discutirlo en conjunto con las agencias. Como ejemplo puntual y menor, puede mencionarse la posibilidad de que algunas agencias se hagan cargo de la inscripción en congresos realizados en sus países cuyos costos no pocas veces impiden que docentes de nuestra universidad participen; esto puede generalizarse a todo tipo de actividad académica muy bien evaluada y excesivamente costosa, para estudiantes, docentes y funcionarios.

(iii) La UR podría liderar a nivel latinoamericano esfuerzos para lograr que un cierto porcentaje de los recursos de los países más ricos destinados a generar conocimientos se utilizara en actividades de apoyo a la investigación sobre problemas del Sur. Ello implicaría aportar recursos para investigar en países del Sur y para interactuar en torno a tales problemas con países del Norte.

Acerca de los funcionarios administrativos y de otros escalafones

La situación de los funcionarios en general podría mejorarse sustantivamente, así como su capacidad de aportar a un mejor funcionamiento institucional, a partir de algunas medidas bien diseñadas e implementadas. A modo de ejemplo se señalan algunas:

(i) Aumentar la frecuencia de los concursos de ascenso en el escalafón administrativo, para estimular la carrera funcionarial interna y mejorar las capacidades de retención del personal con mayor potencial.

(ii) Desarrollar actividades de capacitación asociadas a mejoras en el desempeño laboral a través de diversos mecanismos y procurar que todos los funcionarios universitarios lleguen a completar la enseñanza media. A largo plazo, conviene tener en cuenta que la generalización de la enseñanza avanzada debe empezar por casa.

(iii) Proponer a cada servicio que el conjunto de sus funcionarios elabore un diagnóstico de las condiciones de trabajo, con sugerencias respecto de las mejoras más urgentes.

(iv) Estudiar las posibilidades de ofrecer incentivos - como lo está haciendo la Intendencia de Montevideo - a funcionarios que estén en condiciones de jubilarse y quieran hacerlo, de modo de mejorar sus perspectivas de retiro, muy especialmente las asociadas a la cuota mutual.

La inequidad de género

La Universidad de la República fue una de las primeras en América Latina en tener una matrícula femenina superior a la masculina; dicha superioridad numérica al ingreso se refleja en el egreso, donde más mujeres que hombres finalizan sus estudios de grado. Esta situación se revierte, sin embargo, cuando se pasa a los estudios de cuarto nivel. Entre las razones que explican esta situación muy probablemente figure la dificultad de criar hijos pequeños y simultáneamente realizar estudios de postgrado. Las consecuencias son muy severas para las docentes universitarias, pues la demora en culminar maestrías y doctorados trae consigo dificultades para ascender en el escalafón docente, que de por sí ofrece oportunidades limitadas. Para comprobar esto alcanza con observar la estructura de grados en general y de los docentes en el Régimen de Dedicación Total en particular: en los grados más altos la proporción de mujeres es claramente inferior a la que se registra en el conjunto de todos los docentes.

Atender a la situación de las docentes embarazadas o que tienen hijos pequeños cursando postgrados, apuntando a generarles mejores condiciones para culminar sus estudios, es una medida parcial, pero marcaría un inicio, además de un reconocimiento de la situación. Ello podría hacerse tanto a través de una suerte de beca interna, que le permita dedicar más tiempo a estudiar dentro de su horario laboral, como a través de respaldos financieros para el cuidado de los niños pequeños. El apoyo para que los padres puedan compartir mejor estas tareas - por ejemplo mediante licencias por paternidad relativamente extensas como las que existen en Suecia - sería por demás importante, pero debiera plantearse a nivel nacional.

Estas son apenas algunas ideas. Otras, seguramente más adecuadas, pueden surgir. El punto es empezar a actuar sobre el problema, de forma experimental, aprendiendo sobre la marcha y evaluando resultados.

Los problemas y las búsquedas de soluciones

La UR se mantiene y avanza, ante todo, porque mucha gente dentro de ella realiza día a día grandes esfuerzos. Los resultados son menores a los posibles, debido tanto a deficiencias estructurales como a problemas más localizados. ¿Cómo afrontarlos? Volvamos a una idea básica: la cuestión es no ver a la gente, ni que la gente se vea a sí misma, como pacientes sino como agentes. Es indeseable e inconducente esperar sentados que las soluciones a los más variados problemas “bajen” desde las autoridades universitarias. Tampoco alcanza con plantear reivindicaciones: hay que acompañarlas con propuestas de soluciones viables. Promover la emergencia de propuestas varias, contribuir a debatirlas y sintetizarlas, impulsar su concreción en resoluciones específicas es tarea central de la conducción universitaria.

En la UR siempre se están procesando cambios. Ahora parece que es la institución en su conjunto la que quiere cambiar, como lo sugiere el debate sereno y fecundo que se ha abierto en estos días. El río de los cambios debe recoger el caudal de muchos arroyos con propuestas específicas. El clima cotidiano de trabajo en la institución será decisivo para que ello suceda o no.

(4) LA UNIVERSIDAD EN UN PAIS QUE QUIERE CAMBIAR

En el documento síntesis de ADUR se dice: “Si el país no cambia, a la Universidad se le va a hacer prácticamente imposible cambiar sustantivamente. Si las estructuras productivas y de servicios, privadas y públicas, demandan poco conocimiento avanzado y, cuando lo hacen, recurren escasamente a las capacidades nacionales existentes, la dinámica universitaria de transformación se frena y su orientación tiende a distorsionarse. No le toca a la Universidad, evidentemente, responsabilizarse por la definición ni, menos aún, por la implementación de los cambios del Uruguay hacia una sociedad de aprendizaje; sin su participación activa, éstos no tendrán lugar.”

Hace por lo menos un siglo que el Uruguay no tiene una oportunidad comparable para conjugar la aspiración de las mayorías ciudadanas, que decidieron promover cambios profundos en el país, con la vocación transformadora que emerge en la UR. Si desaprovechamos esta oportunidad, la historia no nos lo perdonará.

La UR debe estar “cerca” de los actores que promueven cambios progresistas, sin subordinarse a ninguno, cooperando con todos a partir de la afirmación de sus valores irrenunciables y del mejor cumplimiento de sus misiones definitorias.

La autonomía universitaria

Esta es una cuestión de principios y no de táctica; no puede depender de la mayor o menor proximidad con el gobierno u organización alguna: la autonomía universitaria debe cultivarse siempre, sin degenerar jamás en la autarquía.

La tercera de las “Doce premisas” de la FEUU, la Universidad Autónoma, establece: “La autonomía conquistada tras la lucha obrero estudiantil es un valor a preservar por siempre. Ella entendida en su sentido amplio, y ampliamente consensuado: de independencia de poderes externos, de su capacidad absoluta de autoregularse dictándose a sí misma las normas que la conduzcan, reclamando además su autonomía financiera. Ello no supone la indiferencia a lo que la sociedad proponga, demande, o exprese. La autonomía es un valor constitutivo de la Universidad Latinoamericana, pero no es una excusa para la sordera ni para el enclaustramiento universitario. La Universidad se debe a su pueblo y sólo una mal comprendida autonomía puede justificar una Universidad que se aísla de los problemas que nuestro pueblo sufre. La Universidad Latinoamericana debe estar absolutamente inmersa en la sociedad a la que pertenece.”

La novena premisa, la Universidad Comprometida, Responsable y Crítica, complementa lo anterior: “Tal como impera el segundo artículo de la Ley Orgánica, la Universidad tiene la obligación de pronunciarse sobre los problemas de interés general, intentando con su pronunciamiento otorgar una mirada nutrida del conocimiento que en su seno se produce que permita a la sociedad contar con nuevas herramientas para conducir su propio destino. Una Universidad que calla es una Universidad prescindente, aislada y muchas veces cómplice. Pero para que pueda producirse el pronunciamiento universitario, su contribución a la cultura y a la defensa de los derechos culturales, políticos, económicos y sociales de toda la humanidad, la comunidad universitaria debe asumir un profundo compromiso social y actuar con la mayor responsabilidad sin ahorrar la crítica cuando corresponda en el ejercicio de la más amplia libertad de opinión y su consagrada autonomía.”

Queremos una UR que opine, incida y aporte en relación a los problemas nacionales. Para ello se precisa una estructura académica que permita estudiar mejor los problemas, crear condiciones para un cogobierno más vivo y tener procedimientos que permitan adoptar decisiones a tiempo.

La autonomía es radicalmente distinta tanto de la subordinación al poder político como de la autarquía de la torre de marfil. Contra esa subordinación ha luchado la Universidad Latinoamericana, como también lo ha hecho enfrentando a la autarquía, contra la cual insurgieron los estudiantes de Córdoba en 1918. El ejercicio efectivo de la autonomía universitaria requiere conocer la realidad en profundidad, tener capacidad de crítica, tener también capacidad de propuesta e involucrarse activamente con la sociedad, consolidando así la Universidad de cercanías. Un ejercicio de la autonomía que vaya más allá de las manifestaciones de disconformidad precisa transformaciones de la envergadura de una Segunda Reforma Universitaria.

La educación y la equidad

La penúltima premisa de la FEUU, la Universidad para Todos, reclama: “Un país que pretenda construirse sobre la base de la justicia social y de los más profundo valores democráticos, debe empeñarse en generalizar el acceso a todas las ramas de la educación y a la educación superior, en particular. Ese país obliga a pensar en una educación superior que llegue libremente a todos, promoviendo equidad social y geográfica en el acceso. Una educación de calidad, pertinente, diversa cuyas puertas no se clausuren y sigan abiertas durante toda la vida.

No será posible generalizar la educación superior con estas características si no mejora en accesibilidad y calidad todo el sistema educativo público nacional. Naturalmente, tampoco será posible si los niveles de injusticia persisten en acrecentarse. Esta es una razón más -aunque no la más importante, que la constituyen estrictamente la justicia y el respeto a los derechos humanos- por la que la Universidad debe contribuir al debate sobre toda la educación y debe seguir contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de todo nuestro pueblo.”

Con tales propósitos, la UR tiene que presentar al país propuestas que permitan avanzar hacia la generalización de la enseñanza avanzada con vocación igualitaria. Sin ninguna duda, la UR seguirá colaborando activamente con la ANEP. Esa colaboración debiera apuntar a la construcción de una Red coordinada de Instituciones públicas de Enseñanza Terciaria, autónomas y cogobernadas, con la UR como promotora, sin reproducir la divisoria de ayer entre educación manual e intelectual. Es preciso combinar la formación técnica con la humanística; a ello pueden contribuir grandemente los más diversos servicios universitarios, y en particular la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Por razones de equidad geográfica, la construcción de esa Red de Enseñanza Terciaria debe empezar en el Interior. A su servicio la UR debe poner todo lo que ha hecho - en el marco del PLEDUR y desde mucho antes - para extender la enseñanza avanzada al país en su conjunto.

Semejante ampliación institucional es necesaria pero no es suficiente para ofrecer posibilidades educativas avanzadas a centenares de miles de jóvenes y no jóvenes, como debemos hacerlo. Para ello hace falta además complementar lo que se hace en las aulas habituales con lo que se puede hacer en las aulas potenciales, definidas como los ámbitos (hospitales, fábricas, granjas, centros turísticos, estudios profesionales, hoteles, laboratorios, comercios, medios de comunicación, servicios, etc., etc.) donde una labor socialmente valiosa se realiza de manera eficiente. Una antigua idea - combinar formación avanzada y trabajo creativo - debe orientar la Educación Nueva; ésta no saldrá de las ensoñaciones si no sabemos convertir múltiples aulas potenciales en aulas reales.

El camino y las metas

Una transformación de la envergadura de una Segunda Reforma Universitaria sólo será posible si se dispone de un programa construido y asumido por un movimiento, cuyos integrantes quieran participar personalmente en los cambios de los que el protagonista será el colectivo. En la UR, un movimiento semejante ha de tener a la FEUU como uno de sus cimientos imprescindibles, pero por supuesto debe incluir a mucha gente de todos los órdenes y gremios, dispuesta a trabajar en distintos ámbitos pero “cerca”.

Ojalá se pase de los debates con motivo de la elección rectoral a un segundo semestre del 2006 signado por la elaboración colectiva de propuestas, aprovechando la experiencia que viene realizando ADUR. Un Seminario permanente sobre Reforma Universitaria sería una herramienta útil para ello. Las propuestas emergentes podrían ser sintetizadas a comienzos del 2007, debatidas ampliamente con ocasión de la elección de los Claustros del año próximo, y convertidas a continuación en decisiones del demos universitario.

Se han esbozado aquí algunas sugerencias tanto para definir el rumbo de largo plazo como para ir haciendo camino al andar. Cabe concluir proponiendo una meta para el 2008.

En ese año se cumplirá no sólo el cincuentenario de la Ley Orgánica que signó la conquista del cogobierno sino también el centenario del evento precursor de la Reforma Universitaria. En 1908 tuvo lugar en nuestra tierra el primer congreso latinoamericano de estudiantes, donde a propuesta de los estudiantes uruguayos, en la voz de Baltasar Brum, se resolvió: “El Primer Congreso Internacional de Estudiantes Americanos acepta como una aspiración que es de desearse sea llevada pronto a la práctica, la representación de los estudiantes en los Consejos Directivos de enseñanza universitaria, por medio de delegados nombrados directamente por ellos y renovados con la mayor frecuencia posible.”

Podemos estar a la altura de ambos aniversarios. Tenemos tiempo para ir procesando cambios concretos, a la vez que pensamos y discutimos en un clima fermental con la República entera, “cerca” de la gente, para llegar al 2008 con una propuesta de Ley de Enseñanza Terciaria y Superior, que constituya el andamiaje normativo de la Segunda Reforma Universitaria y contribuya a poner al tope de la agenda nacional una consigna digna de un país que quiere cambiar: en esta tierra, más temprano que tarde, todos podrán seguir aprendiendo siempre.

ADUR Central