Propuesta de trabajo de Roberto Markarian
INTRODUCCIÓN
Este texto responde a la solicitud de ADUR de que presente una “propuesta general de trabajo” relacionada con mi aceptación a ser considerado precandidato a Rector de la UdelaR en los próximos cuatro años.
Es sabido que he dedicado mi vida al trabajo universitario, al cumplimiento de sus funciones. El sistema público de enseñanza del país y su Universidad, en particular, me han dado la oportunidad de construir buena parte de mi vida, en casi todos los sentidos. Por tanto esta mera precandidatura es motivo de honor y alegría.
La mejor manera de responder a este honor y confianza de muchos es tratando de compartir reflexiones y experiencias acumuladas a lo largo de muchos años de trabajo continuo y militancia gremial. En ellos siempre se aprende, se evoluciona y se comprende la importancia de la elaboración colectiva y del pensamiento libre e imaginativo. Se comprende la enorme diferencia entre el proyectar y el hacer, se aprende a medir los variados escollos que dificultan el llevar a la realidad cualquier idea. Y, aún más, aquellas reflexiones y experiencias, muestran que sin proyectos y expectativas a largo plazo, la resolución de los diversos problemas inmediatos, llevan muchas veces a perder el rumbo y conformarse con los éxitos rutinarios.
Una propuesta de trabajo completa y detallada requeriría un documento más voluminoso que las pocas páginas que me he auto-impuesto no sólo por razones de espacio, sino porque debe haber un margen muy amplio para la elaboración colectiva, la conformación de equipos de trabajo específicos, la recepción de diversos aportes, algunos informativos, otros con miradas más frescas e innovadoras.
Así, el programa de trabajo propiamente dicho recibirá las máximas contribuciones y contará con el mayor apoyo posible de todos los actores involucrados, universitarios y extra-universitarios.
Cuando se enfoca un plan para el gobierno de una institución tan caleidoscópica como nuestra Universidad, en campos del conocimiento y en actividades, surge la certeza de que no hay asuntos aislados ni independientes: su rico entramado obliga a verla como un todo en equilibrio, y es ese equilibrio el que hay que modificar, llevándolo a otro mejor.
Surge también otra certeza: la necesidad de cambios profundos que casi unánimemente se reclama tanto interna como externamente a la institución, no puede negar ni puede prescindir de los muchos aspectos positivos que por su historia, su accionar y sus resultados, la UdelaR tiene a nivel nacional, regional e internacional. Esos logros que son de orden institucional, ético, compromiso social, académico y justamente, a partir de ellos y de la inteligencia y voluntad de los universitarios, es que debe impulsarse la transformación.
Las propuestas que siguen intentan simultáneamente presentar visiones a largo plazo, y acciones concretas más inmediatas que permitan que los pequeños pasos de la vida cotidiana de la institución vayan creando aquellas alternativas.
ALGUNOS PRINCIPIOS BÁSICOS
Los sistemas públicos de enseñanza y de investigación tienen efectos fundamentales en la cultura, en la actividad económica y productiva, en la globalidad de su educación, en la riqueza y apertura de la trama ideológica y de valores que practican y transmiten, en el lugar que el país ocupa en el concierto internacional. Por ello tienen la absoluta responsabilidad de ser de la mejor calidad posible, y es así como cumplirán cabalmente con la ciudadanía y el estado que les asigna recursos. Por tanto, el fortalecimiento del sistema público no es una necesidad sólo técnica o cultural, es una necesidad ideológica y ética: los valores que él representa en la sociedad uruguaya históricamente concebida son intransferibles desde el punto de vista democrático, social y económico. La formación de un pensamiento autonómico y las bases culturales, técnicas y sociales para el ejercicio de esa autonomía se sustentan en el sistema de valores del cual la educación pública es portadora.
La institución universitaria, por tanto sus autoridades, deben combatir toda forma de autocomplacencia en el análisis de su accionar y toda forma de autoritarismo y gestión que coarte la libre circulación de información e ideas de los órdenes y sus representantes. Hemos vivido en los últimos años períodos en que no se propendió ni se pudieron crear los espacios para el análisis de diversos problemas que están en el centro de los retrasos de la institución o del sistema educativo, más en general.[1]
Por todo ello la institución debe entrar en una dinámica en que las opiniones fundadas e independientes, críticas en el sentido amplio de esa palabra, sea la norma, nuevamente, a lo largo y ancho de la institución. Por otra parte, la Universidad, cumpliendo cabalmente con lo prescripto en los Artículos 2 y 3 de su Ley Orgánica debe promover y participar en las respuestas de una auténtica agenda nacional de políticas de estado. Sin soberbia, ni taxativamente, pero opinando y abriendo puertas a los debates que tanto necesita el país.
LOS PROCESOS DE DISCUSIÓN Y ELABORACIÓN
En el documento que elaborara el 1ro. de mayo a pedido de ADUR, y que consta en su página web, me extendí sobre los procedimientos que estimo pertinentes para avanzar en la elaboración de alternativas viables y con fuerte apoyo externo e interno para procesar algunos cambios imprescindibles. Deberá darse participación preponderante a los organismos colectivos, en particular a la Asamblea General del Claustro.
Resalto aquí la necesidad de dar un enfoque histórico y comparativo (a nivel internacional) a todos estos análisis. Si afirmamos que las respuestas universitarias a todos esos problemas fueron justas anteriormente, debemos ver cuál era el contexto en que fueron elaboradas, qué demandas satisfacían, cuáles las fuerzas sociales que las impulsaban. Debemos saber también qué respuestas merecieron en otros países semejantes (y no tanto), no para imitarlos, sino para no cometer los mismos errores, dimensionarlas presupuestalmente, trabajar con realismo. Debemos tener también evaluaciones comunes, discutidas, sobre los procesos recientes en esos temas. Esta es la única manera de actuar en un ámbito de elaboración crítica, intelectualmente elevado, sin prejuicios, como queremos que sea la Universidad.
Toda esta discusión debe hacerse a la luz del proyecto y de las grandes líneas programáticas por las que, genéricamente, se ha pronunciado el país recientemente. Tales orientaciones generales, junto con el desarrollo acelerado del conocimiento, la ciencia y la tecnología, así como las modificaciones permanentes de diversas pautas culturales y sociales, obligan a repensar a nuestra institución y al sistema educativo en el marco de amplias consultas a sectores representativos del trabajo, la producción, la cultura en sentido extenso y otras formas de organizaciones sociales.
Hay que evitar la exacerbación y la consolidación de falsas oposiciones. Por ello debemos transitar en lo inmediato (este año) por un proceso de consolidación de la base documental (que permita la efectiva participación y la fructificación de ideas, con un sustrato común) y de elaboración de propuestas que tiendan a la efectiva modificación, rompiendo con la inercia en la que estamos. Convencernos para avanzar.
Pero el debate no debe agotarse en análisis, acuerdos o propuestas variadas. Ha llegado el tiempo de las medidas concretas en los sentidos sugeridos. Pensamos que el próximo período rectoral (que acaba con el actual de gobierno) debe ser tiempo de concreciones de algunas de esas medidas, las que reúnan una amplia base social.
Diversas propuestas deberán estar elaboradas antes de abril de 2007, de modo que se puedan concretar en pedidos claros, renovadores, con vistas a la Rendición de Cuentas que deberá presentarse en junio de ese año, a fin de conseguir los fondos imprescindibles para comenzar a ejecutarlas lo antes posible.
ALGUNAS GRANDES LINEAS ESTRATÉGICAS
No es posible detallar en un breve documento líneas estratégicas en todas las tareas de la UdelaR. He elegido entonces sólo ahondar en las que siguen. Dado que respecto de las cuestiones que trato en este capítulo hemos escrito mucho recientemente, seré particularmente conciso.
1. Los grandes problemas de la enseñanza post-secundaria. La igualdad de oportunidades, el derecho de la juventud a continuar formaciones postsecundarias de calidad, y de los egresados a continuar su formación a lo largo de su vida, no dependen exclusivamente del sistema educativo.[2] Aún así nuestra institución no puede estar ajena a esta problemática y a las formas de combatir estas desigualdades desde el sistema educativo.
A los problemas económicos, que son bien conocidos y documentados, se suma una estructura que obstaculiza su resolución y que requiere de cambios profundos, audaces.
En primer lugar se debe propiciar la ampliación del sistema de formación terciaria, comprometiendo enérgicos esfuerzos universitarios en el estudio y las propuestas de nuevas instituciones, abiertas en su ingreso, flexibles en el tipo de carreras que brinden, abiertas a las demandas regionales y de corta duración, de gran movilidad horizontal (permitir que estudiantes, y docentes!, se trasladen de una a otra carrera o institución sin trabas burocráticas), y que posibiliten el tránsito a formaciones más avanzadas. La constitución de un sistema terciario de educación pública será una consecuencia de este proceso; en él la Universidad debe jugar un papel central, pero no exclusivo. En el próximo período considero que el país, por su historia y su tamaño –entre otros motivos- no está en condiciones de tener otra Universidad, con las definiciones usuales de estas instituciones.
El Debate Educativo que está comenzando debe ser una gran fuente de conocimiento de las necesidades y respuestas de los diversos sectores involucrados en el sistema.
Debe haber, además, una ampliación radical del sistema de becas estudiantiles, unificado, de diverso tipo, que permita también la movilidad geográfica, y atender los problemas derivados del trabajo estudiantil.
2. La estructura universitaria. Nuestra Universidad tiene una estructura académica federada en facultades -originalmente basada en profesiones- a las que se han agregado otras disciplinarias y temáticas, en un proceso de crecimiento que no tiene una plan estructurado, específicamente diseñado y mucho menos discutido. Se exige la creación de un organismo permanente de planificación universitaria; no un organismo técnico en el mal sentido de la palabra, sino un lugar de encuentro de ideas, y de elaboración permanente de las etapas del desarrollo universitario.
Las modificaciones estructurales introducidas más recientemente -creación de áreas, por ejemplo- no han modificado –y hasta han agravado parcialmente- la situación. En el documento que elevé a ADUR el 1º de mayo me referí ampliamente a este asunto, y propuse acciones para comenzar a estudiar una nueva estructura, por lo que no voy a repetir esas cuestiones aquí.
La discusión, formulación de propuestas y resoluciones sobre estos temas, se presentan como prioritarios en el mediano plazo. Tampoco en este rubro hay soluciones mágicas ni únicas, pero se debe partir del convencimiento de que la actual estructura fue excelente para un país distinto y para desarrollos cultural, científico, artístico, tecnológico, de la humanidad, aún más distintos. Debemos poder crear, sin las trabas y dependencias de ciertos corporativismos, nuevas estructuras que se puedan organizar para resolver problemas. Esas estructuras deberán ser específicamente pensadas para nuestra realidad, tanto en lo académico como en lo administrativo, y podrán incluir facultades profesionales, institutos multidisciplinarios y/o de desarrollo territorial, etc. pero coordinados y diseñados para funcionar como un todo armónico. La nueva estructura deberá permitir la fácil movilidad horizontal del estudiantado, la consolidación integrada de grupos de investigación radicados en distintos servicios, que atiendan a requerimientos rápidamente cambiantes y la oferta de formaciones de grado y postgrado interdisciplinarias.
No es que estos procesos no se puedan dar ahora (de hecho algunos se dan en base a afinidades personales, de orientación académica, etc.); pero no es esto lo que estamos precisando: es un vuelco profundo y veloz de la actual situación.
3. Extensión universitaria y relación con otros actores sociales. La vinculación de la UdelaR con otros actores de la sociedad requiere un profundo redimensionamiento, que contemple las muchas modalidades que esa relación adopta, las amplíe, las racionalice, las promueva, las articule con las demás funciones y, en definitiva, las ubique en el nivel académico que les corresponde.
El importante papel que estos procesos tienen en la formación de las ciudadanos, en contextualizar las tareas de enseñanza, deben ser investigado con refinamiento, calidad y capacidad de hacer propuestas, sin quedarse en lo meramente declarativo.
El rol trascendente de la vinculación mutua cuando se investiga para resolver problemas de la vida cultural, artística, productiva y para atender las demandas de los sectores marginados de la sociedad, debe ser jerarquizado. Debe formar parte de una estrategia institucional que articule la extensión a enseñanza e investigación, con el objetivo de consolidar un sistema integrado de creación de conocimiento científico y técnico que fortalezca la enseñanza y la vinculación con distintos actores sociales económicos y productivos.
Esta reformulación debe comenzar con la definición de prioridades en la vinculación con los otros actores que componen la sociedad, el tipo de acciones a realizar y los plazos de tiempo a que se refiere dicha vinculación.
Las relaciones de la institución con los actores sociales deben implicar una activa política de divulgación de lo que se hace, una revalorización de la percepción que la sociedad tiene de nuestra universidad. Para ello habrá que difundir los resultados de las investigaciones, las múltiples posibilidades de enseñanza, la relevancia de la institución por sus aportes a la cultura y el desarrollo del país, las críticas a lo que en la sociedad ocurre y los problemas que la aquejan. La divulgación deberá ser articulada (central-servicios) y contemplar todas las vías posibles de comunicación masiva.
Finalmente, el relacionamiento de la universidad con los actores de la sociedad debe prestar especial atención a las políticas y acciones del gobierno nacional vinculadas a sus múltiples aspectos, buscando la necesaria y conveniente coordinación de estudios y de esfuerzos.
4. Investigación: fuera del orden del día? La promoción de la investigación salió del orden del día de las grandes discusiones universitarias. Sólo por eso he introducido esta sección. Como llamado de alerta.
No hay Universidad sin investigación es una frase muy traída y llevada, pero cierta. El desarrollo autónomo del país necesita de grandes equipos que trabajen con originalidad sobre diversos temas de interés cultural, social, productivo, económico. Pero en los últimos años, la investigación, su financiación, hasta el saber y las formas de pensar derivadas de ella, han sido particularmente mal tratadas, apartadas de los ejes de desarrollo. Se han exacerbado las falsas oposiciones entre las ciencias aplicadas y las fundamentales, creando antinomias que cualquier análisis serio hace desaparecer rápidamente. Se han mezclado sus fundamentos con los de un tema muy cercano e importante, pero aún mal definido a nivel nacional: la innovación.
En las polémicas recientes, relacionadas con esta elección de Rector, se han planteado muy bien diversas cuestiones relacionadas con el valor, el tipo de investigaciones a corto y largo plazo que deben ser apoyados especialmente, su impacto sobre la extensión y la enseñanza. Yo mismo he escrito sobre el asunto recientemente, por lo que no me extiendo. En diversas secciones del capítulo siguiente se tratan algunas cuestiones particulares.
ALGUNAS RESPUESTAS A PROBLEMAS DE HOY
1. La descentralización geográfica y el sistema de formación docente. La cuestión de la enseñanza terciaria y superior pública fuera del área de influencia montevideana es un tema de fundamental importancia. El país necesita un amplio proyecto de desarrollo académico y de vinculación económica y social.
Se debe alentar y apoyar la creación de instituciones nuevas y de calidad, en lugar de incrementar, bajo otras formas, el gigantismo actual. Este enfoque global de la descentralización llevará naturalmente a grandes modificaciones y avances en la actual Universidad, que de hecho es esencialmente montevideana. Más que pensar sobre un esquema de "la Universidad va al interior" debe pensarse en una Universidad de y para todo el país.
El tratamiento de este asunto es indisoluble del de la creación de un sistema terciario y de nuevas instituciones. Este nuevo modelo cambiará, necesariamente y mucho, los modos de funcionamiento actuales; estará asociado con otros niveles de enseñanza (terciaria, formación docente) y con un plan que tenga en cuenta el sistema educativo en forma global. La distribución geográfica no es suficiente para superar inequidades: serán necesarios estímulos o acciones positivas hacia docentes, estudiantes, fuerzas locales, actividades productivas y un gran programa de becas estudiantiles.
La mejora del sistema de formación docente tendrá un importante poder multiplicador en la educación. Este sistema puede y debería aprovechar recursos de la Universidad, buscando complementar la capacidad en ciencias, tecnologías, artes o humanidades de ésta con la formación pedagógica desarrollada en otras instituciones. La Universidad de la República debe colaborar, no necesariamente absorber, esas formaciones, incluyendo las de postgrado. Las soluciones a proponer en este terreno deben vincularse con las que se hagan para el sistema terciario y la descentralización.
Por ello la temática de la descentralización de la enseñanza terciaria y universitaria sólo se puede resolver positivamente en el marco de una elaboración nacional. Medidas parciales deben ser bien vistas, siempre que no obstruyan el tratamiento del problema global. Por ejemplo, la multiplicación del mero dictado de cursos universitarios en el interior, es una obstrucción del tipo que comentamos.
El país funciona centralizadamente, no porque lo quieran los agentes del sistema educativo, sino porque la historia económica, demográfica, cultural, lo fue conformando así. Por ello, las medidas deben ser globales y coordinadas. ¿Se puede concebir que se ha descentralizado la formación terciaria, si no se dispone de buenas bibliotecas, de buenas conexiones de internet, si no hay teatros, o videotecas? ¿Si no se impulsa la aglomeración de los recursos culturales, humanos, del lugar?
En lo inmediato toda la política descentralizadora que la Universidad desea llevar adelante desarrollando por igual todas sus funciones debiera ponerse al servicio de esas grandes políticas estratégicas.
2. La Carrera Docente debe ser concebida como un programa universitario tendiente a fomentar la calidad y la dedicación del personal académico de la institución, por lo que debe constituir una herramienta prioritaria en el proceso de transformación. La implementación de la Carrera Docente en un nuevo capítulo del Estatuto del Personal Docente, deberá institucionalizar el incentivo, el reconocimiento y el premio al esfuerzo y progreso académico, científico y/o artístico realizado por un docente a lo largo de su trayectoria universitaria. Este régimen estimulará, preservará y fortalecerá a toda la comunidad académica al propiciar la optimización de su potencial creativo.
En esta elaboración deben caer la promoción de la alta dedicación, incluyendo la extensión sustancial del Régimen de Dedicación Total (puntos claves del desarrollo de la institución, que podrían ser elevados a la categoría de los puntos estratégicos antes aludidos), la simplificación de los regímenes de dedicación horaria al trabajo universitario, las políticas de fomento de los estudios serios de postgrado y la promoción de políticas específicas para los jóvenes docentes.
En tiempos que los países desarrollados se “tragan” las capacidades de los demás, tienen políticas específicas para ello, se requieren políticas universitarias específicas para viabilizar la actividad académica de los jóvenes y retener a los jóvenes con talento y vocación docente.
3. Las condiciones de trabajo y estudio en la Universidad. La institución no podrá dar el gran salto que se necesita para atender a los procesos de avance social, productivo y económico que reclamamos si no mejoran en forma importante los salarios, si no se mejoran radicalmente los locales dando condiciones dignas al trabajo y al estudio, si no se introducen mejoras sustanciales en los laboratorios, bibliotecas, etc. La propuesta transformadora de la UdelaR la debe seguir distinguiendo en su preocupación por las esencialidades de la vida humana, pero no sólo referida a la gente de afuera sino también a su gente, que es el talento y potencial que le ha dado vida y la sostiene hace más de un siglo; el nuevo enfoque debe dignificar a sus funcionarios docentes y no docentes y a sus estudiantes. Muchos de estos aspectos deben ser analizados con propuestas de mejoras desde los servicios de Bienestar Universitario de la institución
4. Los desarrollos desiguales. La Universidad atiende y debe atender sectores e intereses de gente muy variada, por lo tanto sus objetivos deben ser igualmente diversos. Esto es particularmente importante en la enseñanza, donde deberíamos intentar formas diversificadas para las distintas disciplinas y niveles de formación de los estudiantes.
Desde el punto de vista material y de estructura funcionarial, deberán establecerse pisos mínimos, “niveles de pobreza” por debajo de los cuales no pueda estar ninguna parte de la institución.
En general, la manera de combatir las desigualdades es mejorar rápidamente los métodos de evaluación (de los estudiantes, de los docentes, del personal de apoyo, de las instituciones) y bregar por la elevación del nivel de calidad (incluyendo la adaptación a las necesidades específicas) en el cumplimiento de las funciones. Mucho de esto depende de las personas, de la inserción nacional e internacional de su trabajo. Pero la institución debe velar por dar calor a los buenos procesos, y tomar medidas correctivas de las fallas detectadas. Evaluar para mejorar no para sancionar.
Deberían analizarse las causas del atraso relativo y elaborar planes de mejora desde la CSIC, a fin de fortalecer la función de investigación en servicios con menores capacidades pero que actúan en áreas de notoria prioridad social, cultural o productiva, con planes de formación y acciones afirmativas ayudadas desde los sectores más avanzados.
5. El Plan Nacional de Salud y el Hospital de Clínicas. La Salud es un derecho humano y en tal carácter los gastos en salud deben ser considerados como inversiones que el país hace por el desarrollo sustentable de la nación. La crisis del sistema sanitario no es coyuntural, sino estructural; por ello la Universidad deberá promover estudios multidisciplinarios sobre el sistema sanitario y el impacto social de sus inversiones, y comprometer su activa participación en el cambio de modelo. Las líneas trazadas por incrementar el papel del Hospital Universitario dentro del Sistema Nacional Integrado de Salud deben ser apoyadas categóricamente: como hospital de Referencia en el segundo y tercer nivel de atención (alta complejidad), como hospital formador de recursos humanos de alto nivel en salud, como hospital de referencia científica y tecnológica, como hospital que desarrolla modelos de gestión y conducción en salud.
6. El control del sistema privado de educación terciaria. Lamentablemente en este terreno nada se ha avanzado en el último año. La Universidad debe promover de una buena vez que este sistema privado sea regulado por Ley y no por decretos. Que el sistema tenga un control regular, y no la simple habilitación como sucede ahora. Que haya exigencias de trabajo creativo en las instituciones privadas llamadas Universidades.
También se deben tomar medidas - atendiendo a aspectos generales que van de lo salarial a lo jurídico- y políticas orientadoras que se refieran a los conflictos de compatibilidad de las tareas de dirección en la Universidad Pública y las universidades privadas.
7. El desarrollo de las ciencias sociales y las humanidades. La discusión en torno a proyectos de Universidad o de país es también un debate de ideas, no hay ningún desarrollo que ocurra por inercia. El imaginario del país es un gran motor del desarrollo, y los proyectos de todas las organizaciones sociales y políticas pasan necesariamente por allí. Diversas facultades del área social investigan en ese imaginario, pasado, presente y también ayudan a construir el futuro.
La promoción de un gran centro interdisciplinario sobre políticas públicas, sobre problemas regionales y de fronteras (tema candente si los hay, donde se observan importantes carencias), debe figurar entre las grandes miras de la futura administración.
[1] Recomiendo leer la Resolución de la Asamblea General del Claustro del 20 de julio de 2005 de análisis del PLEDUR 2000-2005 y propuestas para el siguiente, como ejemplo de un documento ignorado.
[2] El reconocimiento y el estudio de los factores estructurales que dificultan la concreción de esos derechos debe ser parte del aporte de la Universidad a la crítica social antes aludida: estudiar seriamente las barreras que limitan el acceso y avance de los jóvenes como por ejemplo su procedencia social y geográfica, género, etc.; estudiar las capacidades de los alumnos en los últimos años del sistema secundario y sus aspiraciones de estudios posteriores; todo ello en relación con las necesidades nacionales de formación avanzada.
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