Montevideo, 21 de abril de 2006

 

Estimados compañeros de la Comisión Ejecutiva Provisoria de ADUR :

 

En relación con la solicitud que me acercaron en nota fechada 4 de abril, intentaré responder a algunas de las interrogantes que se plantean, en la medida de mis posibilidades.

 

1)     En primer lugar, corresponde señalar que soy afiliado a ADUR, desde mi ingreso a la docencia universitaria en el año 1985. En ese momento participé de la movilización gremial que significó, en nuestra Facultad de Arquitectura, la unificación en ADUR-Arquitectura de las agrupaciones de ex docentes destituidos por la intervención y la ADUR constituida en el marco de la transición democrática hacia 1983.

Como afiliado a ADUR he sido delegado ante el Congreso del PIT-CNT y convencional, y he integrado listas gremiales a órganos de cogobierno a nivel de Facultad (Asamblea del Claustro) y central (Asamblea General de Claustro) en donde me desempeñé por el orden docente, en diversas oportunidades.

 

Entiendo que la herramienta de la organización sindical es una de las formas de defensa más trascendentes de los derechos de los trabajadores y que la afiliación al sindicato constituye una expresión de la voluntad de participar de una forma colectiva y democrática de asociación.

 

En el Uruguay, los sindicatos se han caracterizado por expresar no solamente los intereses directos o indirectos de los trabajadores como clase sino además por impulsar propuestas programáticas y acciones concretas que trascienden los mismos, con una amplia visión nacional, popular y democrática. El programa del movimiento sindical uruguayo y de nuestra central, el PIT-CNT se proyecta al conjunto de los sectores populares con una visión clara para la etapa y a la vez impulsa el objetivo final de construir una sociedad sin explotados ni explotadores.

 

Pero ocurre que en particular en la Universidad de la República los docentes somos a la vez trabajadores asalariados y cogobernantes. Por ese motivo, la organización sindical expresa una peculiar tensión: la que existe entre razonablemente defender los intereses de sus agremiados y la de impulsar visiones de conjunto de la institución.

En ese contexto, orden y gremio constituyen expresiones o instancias diferentes de una misma colectividad humana. Tradicionalmente en nuestra Universidad el gremio ha contribuido a estructurar y a expresar al orden.

 

Por eso motivos entiendo que es un derecho pero a la vez es una obligación de todo trabajador docente la de afiliarse a su sindicato y la de participar en la vida interna del mismo, aportando sus puntos de vista y su trabajo a la elaboración de propuestas y a la mejor orientación del gremio.

 

 

2)     En relación con los cuatro temas que tratará la Convención, les acerco una aproximación general a los mismos, intentando realizar un aporte al debate, sin incursionar en la propuesta de proyectos de resolución, entendiendo que el estar ejerciendo actualmente el cargo de Decano de una Facultad me coloca en una situación peculiar y no deseo que en modo alguno mi visión sea interpretada como una interferencia de las autoridades universitarias en instancias gremiales.

 

a)     reforma universitaria y marco jurídico

 

Es una opinión casi unánime que nuestra Universidad está mal y que debe cambiar. Asimismo, ha venido creciendo entre nosotros la conciencia de que la situación actual de la Universidad está determinada no sólo por la penuria económica sino además por las dificultades para imaginar y poner en práctica un proyecto de cambio.

 

Ahora bien, ¿para qué, hacia dónde y cómo cambiar?

Se trata, sin lugar a dudas de un tema muy vasto.

Es necesario, por sobre todo, impulsar cambios en la dirección de proyectar a nuestra Universidad hacia el cabal cumplimiento de sus fines históricos y a la vez atendiendo un mandato que emana de la Constitución de la República y de las bases conceptuales de su actual Ley Orgánica.

 

En el Uruguay del cambio es nuestra obligación en tanto universitarios hacernos la pregunta de cómo y a través de qué mecanismos la Universidad debe realizar su contribución al proceso de construir un nuevo país, productivo, innovador y con justicia social.

 

Qué Universidad para qué país.

 

Una Universidad que contribuya decisivamente, desde su autonomía y el ejercicio responsable de su capacidad crítica, a un proyecto de país profundamente moderno y democrático, al desarrollo económico, social y cultural con equidad, a la construcción de ciudadanías, a la ampliación del horizonte de los derechos.

Al acceso a la sociedad del conocimiento, a la formación de protagonistas del cambio, ciudadanos concientes y personas solidarias.

 

La universalización de la Educación Superior, terciaria y universitaria, constituye una aspiración para la que  debemos seguir trabajando en forma consistente, apuntando a la generación de un verdadero sistema, encuadrado en el Sistema Educativo Nacional en el que más y más jóvenes, hombres y mujeres, accedan a la formación y puedan seguir transitando por ella a lo largo de su vida activa.

 

El desarrollo de la Universidad en todo el país, activando sus tres funciones básicas y apuntando a superar las inequidades geográficas y sociales a través de la descentralización y el desarrollo de una importante red de centros universitarios y terciarios fuertemente engarzada con las realidades regionales y locales.

 

Tales son los objetivos.

Veamos cuáles podrían ser los procedimientos.

Se ha señalado, y comparto esta visión, que es necesario realizar una profunda revisión de nuestra actual Ley Orgánica y que de dicha revisión debería surgir la propuesta de reformarla o de sustituirla.

Entiendo que dicho proceso debe necesariamente implicar la más amplia consulta a los actores internos y también externos a la Universidad.

 

Qué debe cambiar y qué no.

Los principios deben mantenerse y jerarquizarse. Los fines de la Universidad establecidos en el artículos 2 de la Ley del 58 y los principios básicos dela artículo 3 deben ser una roca sobre la cual construir un edificio sólido. No debemos renunciar al cogobierno sino jerarquizarlo.

 

Sobre estos fundamentos, una nueva Ley debe ser técnicamente moderna, debe no sólo permitir sino además facilitar los imprescindibles cambios estructurales y establecer contextos internos que los posibiliten ajustar en forma permanente.

 

No obstante ello, el hacer depender toda propuesta de cambio de una modificación legal me parece una falacia o puede volverse un mero argumento retórico insustancial. La coartada perfecta para no hacer (o para no dejar hacer).

La realidad es muy otra. Aún con el marco legislativo y normativo actual se puede y se debe hacer mucho. No es excusa para no cambiar, para no innovar o para no trabajar el no poder aprobar una nueva Ley o una modificación a la actual.

 

Considero que el principal obstáculo para los cambios en la actualidad –y sin despreciar su incidencia- no es el rígido marco normativo actual (que no sólo está compuesto por la Ley del 58 sino por un conjunto de aspectos generales relacionados con la gestión pública) sino que lo es el mucho más rígido marco de carácter ideológico y cultural en el que nuestra Universidad se desarrolla.

Rígido marco de carácter ideológico y cultural en el cual se registra una importante hegemonía de visiones fragmentarias y atrasadas de las áreas de conocimiento y las disciplinas y concepciones “académicas” fuertemente elitistas y elitizantes.

Contra eso es lo que hay que luchar prioritariamente.

El cambio debe ser un cambio en las cabezas.

 

Para cambiar es necesario contar con un proyecto, pero no puede ser un proyecto individual, sino una visión construida e impulsada en un marco colectivo.

 

Un proyecto de cambio debe tener tras de sí una importante mayoría activa que lo impulse y que lo defienda, que esté convencido del mismo, que sea consecuente con él en el corto, mediano y el largo plazos.

Un proyecto de cambio deberá involucrar activamente a integrantes de todos los órdenes y de las más diversas áreas académicas y disciplinas.

 

En modo alguno estoy de acuerdo con el proyecto más o menos definido de una “Universidad” a medida, chica o de élites, a la cual se pueda arribar más o menos directamente a través de la coartada de una supuesta “excelencia” y especialización que sólo apunte a expulsar o segregar a los más atrasados  o débiles, a los diferentes, a los pobres, a los recién llegados, a los que nos “molestan” a los que “no están a nuestra altura”.

 

Sigo pensando que es posible impulsar un proyecto de Universidad asentado en sólidas bases ideológicas que caracterizan al movimiento universitario.

Una Universidad de masas, pero no masificada. Una Universidad con identidad, fuerte y protagónica en consonancia con tradición reformista latinoamericana: autónoma, cogobernada, con profunda vocación democrática, consustanciada con la unidad continental y la lucha por la liberación nacional y social, de libre acceso y gratuita.

 

 

 

b)     análisis acerca del funcionamiento del cogobierno

 

El cogobierno caracteriza a nuestra Universidad y le otorga una impronta profundamente democrática que la singulariza en el contexto nacional, regional e internacional.

Pero no sólo hace a la participación en la toma de decisiones sino que además contribuye notablemente a la calidad de la gestión académica y administrativa.
Pocas entidades públicas como la Universidad gestionan sus recursos de una forma abierta, colectiva, descentralizada, transparente y eficaz

 

Pese a estas cualidades positivas, tenemos problemas. Nuestra Universidad es una institución compleja y heterogénea en lo interno. El proceso de complejización de su gestión académica, de su gestión administrativa y de su gobierno se ha venido acelerando y es previsible que en el futuro lo siga haciendo cada vez más. En el contexto actual, el cogobierno atraviesa una profunda crisis, pese a lo cual considero que sigue siendo una forma válida y defendible de toma de decisiones que debemos mantener y profundizar.

 

Por ejemplo, entre tantas opiniones se ha cuestionado la participación de los egresados en el cogobierno universitario. De ninguna manera estoy de acuerdo con esta visión. Considero que muchas veces los egresados han representado visiones más frescas y menos prejuiciadas que las de los docentes y aún de los propios estudiantes.

El aporte de los tres órdenes forma un balance dinámico más que interesante para la toma de decisiones en un marco colectivo.

 

Es necesario que a partir de una toma de conciencia colectiva encontremos la manera de congeniar la defensa del cogobierno con la mejora y la mayor eficiencia en la toma de decisiones. Tales intenciones son complementarias, pero no por ello es sencillo encontrar los caminos para viabilizarlas.

 

c)     responsabilidad del gremio en las decisiones del cogobierno

 

Sobre este tema ya me extendí en el punto 1). Sólo agregaré que considero que es imprescindible que ADUR esté  atenta siempre a la mejor combinación de defensa de intereses de los trabajadores docentes en tanto tales sin descuidar la visión estratégica de desarrollo de la institución y su fines propios; tal equilibrio o combinación es favorecida o posibilitada por el complejo interjuego de los órdenes en los ámbitos de debate y de decisión, de los cuales emergen consensos y acuerdos de sólida base.

 

d)     elección del Rector

 

En el contexto anteriormente descrito, considero que la elección de Rector es una instancia importante en nuestra vida institucional.

Como es bien sabido, la figura del Rector, si bien constituye una referencia del conjunto de la Universidad y en especial de la institución como tal hacia la externa de la misma, está encuadrada en el funcionamiento de ámbitos de carácter colectivo.

Si bien en sí misma la instancia electoral no implica necesariamente tomar una decisión sobre la totalidad de la dirección universitaria, en cambio sí puede representar una oportunidad o posibilidad más que interesante de sintetizar y confrontar opiniones y aún de expresar las mismas en corrientes o en agrupamientos que puedan impulsar colectivamente no una candidatura –lo que sería accesorio- sino principalmente una visión de Universidad. Posibilidad que se puede aprovechar o no.

Está en manos de los órdenes el hacer de esa posibilidad una realidad.

El papel del Rector puede constituirse en el de impulsar un liderazgo democrático que contribuya a la construcción colectiva y la consolidación de visiones estratégicas de cambio y potenciación de nuestra Universidad.

 

 

 

 

Sin otro particular, los saluda,

 

Salvador Schelotto